El paso de Alan Pulido en Chivas terminó, se fue por la puerta de atrás, dice el dicho que 'segundas partes nunca fueron buenas' y en el caso del delantero aplica a la perfección, se trató de un fichaje innecesario, que en su regreso a Verde Valle fue más una carga que un refuerzo.
Pulido fue una estrella que nunca alcanzó el brillo que se esperaba, nunca se consolidó en el firmamento, fue más una estrella fugaz, de esas que pasan y solo dejan recuerdos y una grata sensación de haberlas visto en alguna ocasión, pero no una que se queda en la retina.
Campeón con Chivas en el Clausura 2017 y campeón de goleo con la camiseta rojiblanca en el Apertura 2019, vivió etapas de claroscuros, porque nunca pudo ser ese jugador que fuera ejemplo para las nuevas generaciones; bueno, quizá sí, pero de lo que un profesional no debe ser.
Al margen de lo que consiguió con el cuadro tapatío, también se recuerdan episodios lamentables, como aquel incidente en el que chocó en un carro de lujo en horas inapropiadas y en estado inconveniente, justo cuando un futbolista no tendría que estar fuera de casa, menos cuando estaba en proceso de recuperación de una lesión; muestra clara de que a veces su carrera la dejaba en segundo plano.
Y es que esa fama de fiestero le acompañó en su paso por el Rebaño Sagrado, las redes sociales evidenciaron una y otra vez su gusto por la vida nocturna, fan del Palenque en las Fiestas de Octubre en Guadalajara, chocaba con el deber ser de un profesional, pues no era el hecho de que asistiera, si no como se mostraba.
Asimismo, esos comportamientos de estrella -sin serlo- dentro de un plantel que pedía la colaboración de todos, se sentía general y no soldado raso. Los berrinches al salir de cambio o la manera de arriesgar situaciones claras de gol con penales cobrados de forma ridícula le pusieron en el punto de mira.
Pulido se fue de Chivas con más pena que gloria, su regreso fue estéril, poco efectivo, un gran sueldo desperdiciado en un jugador que en los últimos meses ayudó poco y nada, porque tampoco sirvió como consejero a los más jóvenes.
En el recuerdo quedará ese paso que tuvo y los títulos que ganó, pero también, en los rincones nocturnos de Guadalajara se acordarán de Alan Pulido, quizá ahí con más nostalgia, porque vaya que era cliente frecuente.