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  • Era la copia perfecta. La artesana detrás de la Copa que Messi levantó en Qatar 2022

PORTADA | La artesana detrás de la copa falsa que Messi levantó en Qatar

Eliana Pantano hizo la réplica de la copa que Messi levantó al cielo en su festejo en Qatar. Se hizo famosa pero su fama acarreó consecuencias: la FIFA le prohibió volver a hacer una copia.

DOMINGA.– Ninguna de las más de 75 millones de personas que le dio like a la foto que Lionel Messi subió a Instagram, levantando la copa del mundo, se dio cuenta (no tenían cómo) de que el trofeo no era real. En la final de Qatar 2022, en el Estadio de Lusail, el capitán de la selección argentina tampoco. Y cuando los agentes de la FIFA, un hombre y una mujer, le dijeron a Ángel Di María que, por favor, no dejara que nadie tocara el trofeo que tenía en las manos (según el reglamento sólo un selecto grupo puede agarrarlo sin guantes), Ángel miró a lo lejos y vio al capitán a hombros, besando la copa, la gente alrededor. “¿Cómo? ¿Y ésa?”, preguntó. “La original es ésta”, respondió serio. “Por eso estamos acá”.

A más de trece mil kilómetros de allí, con la euforia por el campeonato todavía en el cuerpo, la artesana argentina Eliana Pantano miraba los festejos en la televisión de la casa de su cuñado. Había decidido postergar la salida a la calle, por sus hijos Bastián y Martina, que tenían seis y ocho años; para poder llorar y disfrutar tranquila.

Eliana Pantano hizo la réplica de la copa que Messi levantó al cielo en su festejo en Qatar. Se hizo famosa pero su fama acarreó consecuencias: la FIFA le prohi
Messi posando con una Copa falsa en el festejo de Argentina en 2022 | Reuters

En la pantalla, vio el reflejo de la luz sobre la copa que Messi levantaba y supo que ese reflejo no era de oro. “Se ve igual a la mía”, dudó. Pero recién estuvo segura cuando la imagen se detuvo en Antonella Roccuzzo, esposa del capitán, besando el trofeo: las marcas de la base no eran vetas de malaquita sino pinceladas que ella misma había hecho en su taller de Llavallol, a 35 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. En ese momento dijo en voz baja: “Esa la pinté yo”.

De manera metódica, Eliana había buscado fotos: en una de Maradona levantando la copa de México ‘86 pudo observar la base; en otras, información sobre cuánto medía: con esos datos, haciendo planos en la computadora pudo sacar las proporciones del resto. Una vez que tuvo el esquema completo, pasó de dos a tres dimensiones. Reprodujo la silueta en barro: no de manera perfecta, sino rugosa, con imperfecciones. Cinceló lo que sobraba, desgastó lo que la aspereza había deformado, pulió: con torno de tornero, con lima. Hasta que, de a poco, fue tomando la forma clásica, esférica en la parte superior, que haría ilusionar a cualquier fanático.


Pero todavía faltaba. Con un torno como el que usan los dentistas grabó a mano los continentes, las rugosidades del agua, ¿olas de mar? Pero no hay mar: el mar es sólo ausencia, unas islitas pequeñas: ¿De derecha izquierda o de izquierda a derecha? Detalles casi imperceptibles pero necesarios para que hasta el ojo más entrenado no pudiera diferenciar el original de la copia que le habían encargado.

Volvió a lijar, a masillar algún sector defectuoso con una mezcla de resina epoxi y cuarzo que amasó, moldeó, acarició y puso en el premoldeado y, otra vez, el torno de tornero, buscando la curva perfecta, la terminación deseable e imposible; con la fresa: esculpió, ranuró y texturó la boca, los orificios de los ojos de los dos atletas que, con esfuerzo, sostienen con sus brazos el globo terráqueo; trabajo artesanal: lento, preciso. Después hizo un tratamiento de baño metálico para buscar el encandilante brillo del oro: la dejó secar por varias horas.

Pintó de verde los anillos de la base, simulando la extrañeza de la malaquita. Y un laqueado superficial, que permitiera que uno, fuera Lionel Messi o cualquier mortal, la agarrara, sin mancharse los dedos, sin dejar huella ni marca.

Eliana Pantano hizo la réplica de la copa que Messi levantó al cielo en su festejo en Qatar. Se hizo famosa pero su fama acarreó consecuencias: la FIFA le prohi
Maradona metió los dos goles más famosos de la historia el mismo día | AP /Carlo Fumagalli

Eliana Pantano ya había enfrentado un juicio por plagio

¿Era cierto lo que estaba viendo? Por dentro, una erupción contenida: ¿Tenían los campeones del Mundo una de las dos réplicas que, sabía, clientes suyos habían llevado a la cancha el día de la final? No lo podía creer. En silencio, conteniendo las lágrimas, se recordó de chica armando con su familia las carrozas para los carnavales de Gualeguaychú. Se acordó cuando cursaba la carrera de Bellas Artes, del dolor por tener que dejar de estudiar y del día en que, luego de que Boca Juniors ganara la copa, decidió hacer una imitación de la Libertadores para tenerla en su casa.

Eliana Pantano hizo la réplica de la copa que Messi levantó al cielo en su festejo en Qatar. Se hizo famosa pero su fama acarreó consecuencias: la FIFA le prohi
Armando Maradona jugó cuatro ediciones de la Copa del Mundo | STAFF / AFP

Para poder diseñarla, fue al museo del club y le sacó fotos de distintos ángulos: al verla, el gerente le preguntó por qué lo hacía. Ella le explicó: el hombre le pidió que cuando la terminara, fuera a verlo. Le explicó: la copa original queda un año en las vitrinas del club que la gana, pero luego pasa al siguiente campeón. A los dos meses y medio, Eliana llevó su réplica. “Ponele un precio –le dijeron–. Te la compramos”. Y ella: “No. La hice para mí”. “¡Hacete otra!”, le replicaron, medio en broma y medio en serio. Y, de paso, le pidieron si podía hacer la Intercontinental.


Eliana terminó aceptando y, a los pocos meses, distintos clubes empezaron a pedirle otras. Detenida frente a la pantalla, pensó en la euforia del éxito y, también, en la tarde de 2018 en la que la policía allanó la casa de sus padres, luego de que la Confederación Sudamericana de Fútbol, la Conmebol, le iniciara un juicio por plagio y ella terminara firmando un acuerdo en el que se comprometía –de por vida– a no hacer ninguna otra réplica de la confederación.

Mientras en la televisión se sucedían las imágenes de los jugadores argentinos arengando al público, Eliana Pantano se vio en la cama del hospital en el que estuvo internada durante varios meses por el estrés que le había provocado el operativo policial, la presión, los nervios. Pensó en la arritmia, la insuficiencia cardíaca que le quedó como consecuencia de todo aquello, la frustración de que no la dejaran trabajar y el momento en el que dijo “mi salud y la de mi familia están antes que todo lo demás”. El desencanto, la tristeza.

—¡Eli! —gritó Fernando, su marido—. ¡Es tu copa!
—¡No! —dijo, sabiendo que lo era pero con miedo a resquebrajar la ilusión.
—¡Sí, Eli! ¡Fijate! ¡Tiene un porito!
Eliana Pantano hizo la réplica de la copa que Messi levantó al cielo en su festejo en Qatar. Se hizo famosa pero su fama acarreó consecuencias: la FIFA le prohi
Lionel Messi en hombros y levantando la Copa del Mundo, celebrando el título, en el estadio de Lusail | Mexsport

Y se acercó a la televisión para mostrarle el agujero en la pantalla, mínimo, en la zona de África, un pequeño punto en la resina, un detalle que solía ser motivo de discusión cada vez que Pantano terminaba una copa porque su marido, su hermano, le decían: “ya está, apenas se nota”, pero ella insistía porque, aunque sabía que la perfección es utópica, quería que la réplica fuera lo más parecida posible al modelo que el italiano Silvio Gazzaniga diseñó en 1971.

Obsesiva, Pantano conocía sus réplicas a la perfección. Tardaba de dos a tres semanas en terminar una pero, cuando la demanda aumentaba y hacía varias al mismo tiempo, los tiempos de entrega podían alargarse hasta cinco o seis meses: su marido le preguntaba en chiste si no habría una máquina para clonar y, así, acelerar el proceso; su hija la cuestionaba: si estaban en vacaciones, ¿por qué no jugaban juntas?

Tan parecidas le quedaban que esa noche en el Estadio de Lusail, en Qatar, un rato después de los festejos, un hombre de Seguridad de la FIFA dudó y se acercó a la platea. Le pidió a la pareja que tenía la copa que había levantado Messi que se la entregara. La tomó con ambas manos, la dio vuelta con cuidado. No, chequeó, no era la original. “Disculpen”, dijo avergonzado, “pueden seguir festejando”.


Eliana Pantano se hizo famosa y eso tuvo consecuencias

Este texto está en pasado porque después de esa euforia inicial, Eliana Pantano se hizo famosa y su fama acarreó consecuencias. Le hicieron entrevistas para radio, diarios, revistas y programas de televisión. Y el 23 de marzo de 2023, en el estadio de River Plate, antes de que la selección argentina le ganará a Panamá por dos a cero en el primer partido luego de la coronación, entregó cuarenta réplicas: una para cada jugador e integrante del cuerpo técnico que habían salido campeones del Mundo.

Esa tarde, Pantano conoció al capitán y le pidió sacarse una foto. Puso el teléfono en modo selfie y, luego de que Messi posara, apretó el botón y sonrió.

—Es video, es video —corrigió él.
—Son los nervios —se disculpó ella, volvió a tocar el celular y a sonreír impostada.

Y Messi, paciente, sin sacar la mirada de la pantalla, volvió a precisar:

—Es video.

—Ah. Perdón.

“No me juzguen, estaba nerviosa“, escribió la artesana en su Instagram cuando subió el material. Dos meses después de esa tarde, en mayo de ese año, la FIFA demandó a la artista: le prohibía seguir haciendo los diseños de la réplica.


“Quiero contarles que recibí una intimación que me obliga a dejar de realizar el trabajo artesanal y apasionado que todos conocen, valoran y aprecian. En cuanto tenga novedades, las compartiré con ustedes. Por el momento sólo puedo agradecer por tanto amor y reconocimiento. Les prometo que seguiré cincelando, creando y diseñando obras de arte. Porque soy, y seguiré siendo, artesana”, escribió Pantano en su cuenta de la red social. Para no tener problemas con la empresa y evitar ir a juicio, Pantano se comprometió a no hacer nunca más –para toda la vida– una réplica de una copa que sea propiedad de la FIFA.

Durante el torneo que comienza la próxima semana, Lionel Messi cumplirá 39 años. Será su último Mundial y la expectativa sobre la magia que podrá derramar sobre el césped es enorme. Qué sucederá, qué selecciones pasarán la fase de grupos y cuáles avanzarán desde los dieciseisavos en adelante, es algo que nadie puede prever. Sin embargo, lo más probable es que el 19 de julio en el MetLife Stadium, de Nueva York, cuando el capitán del seleccionado campeón del mundo levante la Copa luego del partido, esta vez el trofeo sea original.


GSC


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Federico Bianchini
  • Federico Bianchini
  • Periodista. Trabajó como redactor en los diarios argentinos 'Clarín' y 'La Razón', y como editor en la revista 'Anfibia'. Colaborador de medios internacionales como 'Gatopardo', 'El País Semanal' y 'The New York Times', entre otros.
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