Policía
  • Fallar un gol bajo amenaza. El crimen organizado controla el futbol de barrio

  • Futbolistas ‘amateur’ han quedado en medio de los intereses del crimen organizado: fallar un gol o ponerse en la mira de los sicarios. El crimen también dispara en el futbol de barrio.
El fútbol de barrio, sus "talacheros" y jugadores "amateurs" son un atractivo para grupos del crimen organizado | Especial

DOMINGA.– En el futbol profesional existe una palabra para hablar de un jugador sobresaliente que llena estadios y convierte los partidos regulares en proezas históricas: “un crac”, un quiebre, una ruptura. Y en el futbol del barrio, el de las canchas con pozos y gradas sin pintar, también hay una palabra para definir a los jugadores capaces de transformar las derrotas en triunfos con un toque de balón: los “talacheros”, destacados en los últimos años por ser objetivos del crimen organizado.


Un “talachero” es un ídolo callejero, un jugador que se rompió los ligamentos de la rodilla antes de alcanzar la gloria del futbol televisado, un campeón cuya fama sólo se extiende unas pocas calles más allá de su casa, pero se nota cuando es saludado con afecto por los vecinos. Una persona combina su trabajo con el de jugador llanero a quien le pagan entre 50 y 100 pesos para que juegue con el equipo que lo necesite para ganar un partido o conseguir un trofeo. El as bajo la manga. El delantero con piernas frescas que el director técnico tenía escondido en los vestidores.

Los “talacheros” aman el futbol. Lo respiran desde niños y lo juegan siendo adultos con la pasión de un adolescente que no conoce las lesiones. Su reputación depende de resultados, así que intentan siempre ganar a toda costa. No les importa si un grupo criminal pagó al árbitro para inclinar el resultado de un partido hacia un equipo u otro; no le interesan las apuestas clandestinas o los amaños con la liga del barrio. Un “talachero” de corazón es contrario a los intereses de la delincuencia.

Lo saben bien los amigos de Carlos Rodrigo Bautista, un “talachero” de Celaya, Guanajuato, mejor conocido como ‘El Manzana’. El futbolista ‘amateur’ había jugado en el deportivo de la colonia San Juanico la noche del 3 de marzo pasado, y se dirigía a descansar a su casa, cuando fue interceptado por dos hombres en una motocicleta. Sin mediar palabra, uno de ellos le disparó en, al menos, cinco ocasiones. Los tiros iban directo al pecho y a la cabeza.

Las balas perforaron el parabrisas y la carrocería del Volkswagen blanco del ‘Manzana’, quien perdió el control del vehículo y frenó hasta estrellarse con una señal de tránsito. Apenas minutos antes había ganado el juego para el que fue contratado. Aunque los paramédicos llegaron casi de inmediato por una llamada de auxilio de la policía municipal, nada podían hacer por él. Falleció al instante y su cuerpo fue velado al día siguiente en la Funeraria San Rafael de Los Laureles.


La noticia fue una doble sorpresa para la comunidad deportiva en Celaya. Apenas catorce días antes, a cuatro calles de donde mataron al ‘Manzana’, otro “talachero” había sido asesinado: Amed Mendoza, conocido como ‘El Mago’ por sus jugadas de fantasía como delantero para varios equipos locales.

Su asesinato ocurrió el 17 de febrero con un ‘modus operandi’ conocido en la ciudad. De noche, en la periferia del deportivo que lo había visto ungirse de gloria. A las 10:30 de la noche, vecinos de la calle Alunita llamaron al 911 para avisar que un hombre había sido baleado en la calle. Cuando los paramédicos llegaron, de nuevo, sólo certificaron su muerte y cubrieron el cuerpo de Mendoza con una sábana. Su familia se enteraría pronto del ataque y corrieron a cuidar la dignidad del joven ídolo de la colonia. ‘El Mago’ había dado su última función. Ganó el último partido de su vida, provocando la furia de algún integrante del crimen organizado.

Carlos Rodrigo Bautista, “talachero” de Celaya y conocido como ‘El Manzana’
Carlos Rodrigo Bautista, “talachero” de Celaya y conocido como ‘El Manzana’ | Especial

Ahora el narco paga el juego de futbol en el barrio

Cuando se acerca la celebración de una Copa del Mundo, los expertos en seguridad suelen poner la mirada en delitos de gran escala y que requieren de la instalación de infraestructura costosa para los grupos clandestinos; por ejemplo, la creación de centros telefónicos para estafar a compradores de boletos, el diseño de páginas web que simulan ser casinos legales en línea para robar cuentas de banco, o un incremento en productos apócrifos que se ordenan de un continente a otro y viajan por las mismas rutas marítimas en las que se mueven armas y drogas.

Pero hay otro tipo de economía criminal que se mueve alrededor del futbol y que no necesita de la organización de un enorme torneo global que se hace cada cuatro años. Le bastan los juegos ‘amateur’ de un martes por la noche o el torneo local que se disputa cada fin de semana con una grada casi vacía y sin cámaras de televisión. Y es que, mientras unos vemos una polvienta cancha de barrio, el crimen organizado observa un espacio en el que se cruza el dinero en efectivo, el control territorial y las apuestas clandestinas.

Cada domingo diversas familias se reúnen en parques y deportivos para jugar al fútbol
Cada domingo diversas familias se reúnen en parques y deportivos para jugar al fútbol | ENRIQUE ORDÓÑEZ /CUARTOSCURO.COM


Los equipos ‘amateur’ pueden mover efectivo sin supervisión.
Y en las ligas comunitarias se pueden ofrecer premios altos por un campeonato, patrocinios opacos y pagos informales. Ese es el escenario perfecto para que un jefe de plaza pueda lavar dinero sucio: puede invertir sus recursos ilícitos en uniformes, equipos, árbitros, bolsas de apuestas y que el efectivo circule hasta que se le haya perdido el rastro. Un torneo barrial, en Ciudad de México o en Celaya, puede ser una perfecta empresa fachada.

A eso se suman las apuestas ilegales. Mientras en los partidos de futbol profesional, las apuestas suelen ir hacia el resultado final –triunfo, empate o derrota– en las ligas de tercera o segunda división se juegan apuestas específicas. Les llaman “exóticas” y son tan específicas como el marcador final, número de penales y hasta expulsiones y amonestaciones. En ese contexto, árbitros y jugadores suelen recibir presiones por grupos criminales para perder partidos, ganarlos o alterar un juego. Romper un acuerdo o ir contra los deseos de un jefe de plaza puede ser tan peligroso como delatar a un aliado o afiliarse con un rival.

Uno de los casos más emblemáticos fue el del jugador paraguayo, e ídolo del Club América, Salvador Cabañas, quien fue baleado en la cabeza por un jefe de plaza apodado ‘El JJ, José Jorge Balderas Garza, operador de Édgar Valdez Villarreal, ‘La Barbie’, aliado del clan Beltrán Leyva. La madrugada del 25 de enero de 2010, ambos coincidieron en los baños de un exclusivo bar en la Ciudad de México y, según las versiones más coincidentes, ‘El JJ’ reclamó al futbolista por hacerle perder una apuesta importante tras un juego sin goles. La discusión escaló hasta un balazo a corta distancia calibre .25 que, milagrosamente, no atravesó el cráneo de Salvador Cabañas. El capo fue detenido meses después, tras el escándalo del ataque, y el futbolista sobrevivió pero con lesiones que le impidieron volver a las canchas.

Salvador Cabañas sufrió un intento de homicidio el 25 de enero del 2010 en el centro nocturno "Bar Bar" de la CdMx
Salvador Cabañas sufrió un intento de homicidio el 25 de enero del 2010 en el centro nocturno "Bar Bar" de la CdMx | ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM

Algo similar habría ocurrido con ‘El Manzanas’ y ‘El Mago’, es la pista que siguen en la fiscalía de Guanajuato. Ambos habrían quedado en medio de los intereses del crimen organizado: perder o ser atacados, fallar un gol o ponerse en la mira de los sicarios. Y como buenos “talacheros”, habrían elegido el amor por el deporte. Hasta ahora, esa línea de investigación sigue abierta y apunta a un grupo específico: el Cártel de Santa Rosa de Lima.


Según esa hipótesis, compartida por amigos de ‘Manzanas’ y ‘El Mago’, quienes pidieron anonimato por temor a una venganza, ese cártel que rivaliza en Guanajuato contra el Jalisco Nueva Generación ha aprendido que el futbol tiene un enorme valor social. Los equipos representan no sólo colonias, sino identidades completas. Un campeón local gana prestigio e influencia, así que los grupos criminales patrocinan a sus propios campeones, sus influencers del deporte. Inflan equipos para controlar territorio y ganar aceptación. Y cuando un “talachero” se los impide, los elimina.

“En lugares violentos, como Celaya, mi ciudad, te matan por todo: eso incluye por negarte a jugar un partido, por no dejar perder a tu equipo o por una falta sin mala intención a alguien que tiene un familiar poderoso”, dice Francisco Torres, amigo de uno de los dos jugadores, el único que me permite citarlo en este texto. “¿Te acuerdas que antes el narco pagaba la fiesta de la iglesia? Ahora paga el juego del domingo en la noche y ellos deciden quién gana y quién pierde”.
Automóvil de Carlos Rodrigo: sicarios abrieron fuego contra el futbolista en al menos cinco ocasiones
Automóvil de Carlos Rodrigo: sicarios abrieron fuego contra el futbolista en al menos cinco ocasiones | Especial

El narco infiltrado en el futbol de América Latina

El crimen organizado se metió a la cancha de futbol. No hay duda al respecto. Lo hizo discretamente, como un jugador de banca que se acerca a las líneas laterales, y cuando nadie lo observa entra al partido. Desde el asesinato del futbolista colombiano Omar Cañas, ‘El Toro’, cuyo cuerpo torturado fue hallado el 3 de febrero de 1993, con 23 años, junto a otras tres personas –una de ellas era el hermano de un jefe de sicarios del Cartel del Medellín– hasta el mexicano Sergio Jáuregui, asesinado el 28 de enero de 2024 en plena cancha de la colonia Eusebio Jáuregui, en Cuautla, Morelos –tras la irrupción de un sicario que huyó ante la mirada de los aficionados–, todos los casos llevan al crimen organizado en el futbol llanero.

La lista es larga en América Latina e incluye a árbitros, como el colombiano Álvaro Ortega, asesinado en 1998 por órdenes del capo Pablo Escobar después de que el silbante anuló un gol a Deportivo Independiente Medellín, el equipo favorito del narcotraficante. Y también a jugadoras de divisiones femeniles, como Dahiana Katherine Recalde Coronel, arrestada en 2024 por colaborar con el crimen organizado paraguayo amañando partidos de futbol.

“El volante Jonathan González, de 31 años, estaba en su casa del conflictivo puerto de Esmeraldas [Ecuador], en la frontera con Colombia. Hombres en motocicleta le dispararon en la cabeza tras negarse a amañar un partido [...]. ‘Speedy’, como lo conocían, ‘era un chico sano y murió por las apuestas’”, dijo Oswaldo Batallas, empleado del club 22 de Julio, de la segunda división ecuatoriana, donde jugaba González, en un reportaje de la agencia AFP, en octubre de 2025, “Apuestas y fútbol: el narco acecha al deporte más popular de Ecuador”.
“Allegados cuentan bajo reserva que días antes del crimen, mafias vinculadas a las apuestas en línea le pidieron a González que perdiera un partido. El encuentro terminó empatado a un gol [...]. Dos semanas antes del asesinato, asaltantes balearon el carro de González y su madre recibió amenazas por teléfono”.

Y no sólo sirven las ligas menores de futbol para blanquear dinero. Los deportistas ‘amateur’ suelen ser jóvenes con reconocimiento comunitario, movilidad y acceso fácil a distintos barrios a los que no entra ni la policía. Eso los vuelve atractivos para tareas de vigilancia, transporte de dinero, distribución de droga o reclutamiento forzado. Algunos aceptan por necesidad económica y costear su ingreso a las ligas profesionales. Los motivos son muchos. El destino suele ser el mismo. Es el caso, también en Celaya, del portero Óscar Martínez, ‘El Yosgart’, quien fue secuestrado en abril de 2025 tras salir de una unidad deportiva en la colonia Emiliano Zapata. El “talachero” fue hallado horas después en la calle, apenas consciente por la golpiza que había sufrido. Sus vecinos lo trasladaron a un hospital, pero las heridas eran severas. “El Yosgart” murió esperando una transfusión de sangre.

Los deportistas ‘amateur’ son blanco de los grupos criminales por su fácil acceso a barrios en los que la policía no entra
Los deportistas ‘amateur’ son blanco de los grupos criminales por su fácil acceso a barrios en los que la policía no entra | Especial

Otro caso más en Guanajuato

El caso más reciente en esa ciudad guanajuatense comenzó la tarde del 31 de marzo de 2026: Óscar Adrián Granados, ‘El Boru’, un querido y conocido entrenador de futbol de niñas, niños y jóvenes, no aparecía por ningún lado. La primera persona en alertar sobre su ausencia fue su madre. ‘El Boru’ no había vuelto a casa tras un mandado sencillo. Luego, sus compañeros de equipo comenzaron a preguntar por su paradero. Y luego fueron sus alumnos, adolescentes que conocen bien la importancia de la búsqueda en las primeras horas.

Inició entonces la cuenta regresiva para hallar al ‘Boru’, portero ‘amateur’, admirado por sus atajadas y su valentía para achicar en el área. Sus entrenadores más jóvenes y hasta los viejos directores técnicos de Celaya circularon sus fotografías, su última vestimenta cuando salió de su casa en la colonia Los Naranjos y sus señas particulares, como sus tatuajes y las cicatrices que se hizo en el campo de futbol, su lugar predilecto. Sin embargo, dos semanas más tarde, la búsqueda acabó con el resultado que nadie quería: la fiscalía guanajuatense confirmó que el cuerpo del portero había sido hallado con huellas de violencia. ‘El Boru’ fue asesinado con saña, la firma de la mafia local. Y mientras las investigaciones se mantienen abiertas, la comunidad deportiva en el estado tuvo que ir a otro funeral de otro “talachero”.

Jorge Valdano, el mítico exfutbolista argentino, ídolo del futbol mundial, decía que cada vez que un jugador entra a la cancha, está escribiendo su autobiografía. Si es así, ¿qué historia cuentan los cuerpos apilados de estos ídolos del barrio, en un país como México?


GSC/ASG


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Óscar Balderas
  • Óscar Balderas
  • Oscar Balderas es reportero en seguridad pública y crimen organizado. Escribe de cárteles, drogas, prisiones y justicia. Coapeño de nacimiento, pero benitojuarense por adopción.
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