Policía
  • Lujo, goles y narco: cuando la Familia Michoacana se infiltró en el futbol mexicano

  • Eran un equipo de segunda división, su fin era blanquear las ganancias de La Familia Michoacana. Jugaban como lo que eran: miembros involuntarios (o no) del crimen organizado.
Los lujos del equipo poco a poco fueron exhibiendo la verdadera faceta de sus dueños | Milenio

DOMINGA.– Sentado en las gradas de las instalaciones del Club América al sur de la Ciudad de México, el dueño de los Mapaches de Nueva Italia, Michoacán –un club de segunda división–, veía con orgullo el calentamiento de su equipo para enfrentar al Club América Coapa, los anfitriones del encuentro de aquel 8 de octubre de 2008, que exhibiría el cruce de líneas entre el futbol mexicano y el crimen organizado.

Wenceslao Álvarez Álvarez saboreaba el éxito: en apenas dos años atrás había formado, desde cero, a un equipo de futbol que tenía como cuna la región michoacana de Tierra Caliente y ahora los veía saltar a un césped Grama Bermuda, de los más caros del mundo, donde se han forjado los canteranos más exitosos del equipo azulcrema y figuras de la Selección Mexicana, como Alfredo Tena o Cuauhtémoc Blanco. Y no era el único asombrado con su ascenso.

La llegada de los Mapaches también había llamado la atención de los trabajadores del Club América: pese a no tener estrellas en su plantilla –y sí una historia desconocida en el balompié mexicano hasta por los decanos del deporte– los jugadores y el equipo técnico habían arribado en un lujoso autobús MarcoPolo que ni siquiera podía costear la escuadra principal del Grupo Televisa.

El club de futbol ostentaba diversos lujos
El ascenso del club de futbol en el país desató sospechas entre autoridades | Especial

Este tipo de camión está sólo a la altura de clubes millonarios, como el Real Madrid o Manchester United: asientos tipo cama con 180 grados de rotación, pantallas planas para analizar jugadas, área de juntas con sistema de sonido tipo cine, chasis de alto rendimiento y una nevera equipada hasta con minibar y champaña.

No era el único lujo: los jugadores vestían uniformes y botines de marcas que usualmente patrocinan a estrellas del deporte, balones de alta gama con certificación FIFA y accesorios –desde guantes para portero hasta cintas elásticas– de primera calidad. Algo inusual para equipos en segunda división que suelen jugar en canchas con pozos y usar vestidores con fugas de agua, gradas oxidadas y uniformes prestados.

El juego inició puntual a las 16:00 horas. Un encuentro de la Jornada 1 de la Zona Bajío del Torneo Apertura 2008. Y en cuanto el árbitro silbó, las carencias deportivas del equipo michoacano dirigido por Homero Pasallo, exportero del Toros Neza, fueron evidentes. Su opulencia, claramente, no correspondía a su nivel de juego. Tras 90 minutos, los Mapaches de Nueva Italia sucumbieron 4 goles a 0 contra el Club América Coapa.

Pese a la goleada, los Mapaches no lucían cabizbajos. Estrecharon las manos de sus rivales, se mudaron de ropa en los vestidores y se prepararon para volver al lujoso MarcoPolo que les esperaba con el frigobar a tope, recuerda la periodista Beatriz Pereyra. La rutina se interrumpió cuando al salir de las instalaciones de su anfitrión, los sorprendió un golpe a los frenos del camión. Desde las ventanillas, se vieron rodeados por uniformados armados de la Agencia Federal de Investigación (AFI), fundada por el “superpolicía” Genaro García Luna, hoy preso en Estados Unidos por proteger al Cártel de Sinaloa. Los agentes cargaban con decenas de órdenes de aprehensión por delincuencia organizada. La más importante llevaba el nombre del dueño del equipo, acusado de ser un violento capo.

Un falso empresario michoacano con triple vida

Nueva Italia, municipio michoacano
Nueva Italia está incrustado en la región de Tierra Caliente en Michoacán | Especial

Nueva Italia es la cabecera municipal de Múgica, Michoacán, enclavado en Tierra Caliente. Un municipio con ubicación estratégica para el crimen organizado porque conecta a la capital Morelia con el puerto Lázaro Cárdenas, a donde llegan toneladas de precursores químicos desde Asia para la elaboración de drogas sintéticas.

Además, su clima caluroso y poco húmedo es idóneo para el crecimiento silvestre de cultivos que van desde el limón y mango hasta la marihuana y adormidera, lo que ha atraído a decenas de narcotraficantes desde mediados del siglo pasado. En ese pueblo fundado en 1909, por el italiano Dante Cusi, se han asentado fundadores del Cártel de Sinaloa, del Milenio, La Familia Michoacana, Los Caballeros Templarios y recientemente de La Nueva Familia Michoacana, considerada hoy una organización narcoterrorista. Acaso el más famoso es Enrique Plancarte Solís, El Tío, creador de Los Caballeros Templarios, nacido en Nueva Italia en 1970.

A simple vista es un pueblo de casas precarias con más de la mitad de su población en algún nivel de pobreza, según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Típica zona rural del Pacífico mexicano. Pero el foráneo que tolera la vigilancia de los halcones, y mira con paciencia sus calles, encontrará mansiones de gusto cuestionable y vehículos último modelo: los síntomas de esa enfermedad conocida como “narcocultura”. La riqueza amasada con el dolor ajeno.

Uno de esos ricos del pueblo, según el entonces gobierno federal, era Wenceslao Álvarez Álvarez, quien tenía una triple vida: por un lado, falso empresario y promotor del futbol para mantener alejados a los jóvenes de las drogas; por otro, integrante de La Familia Michoacana y, al mismo tiempo, enlace con integrantes del Cártel del Golfo que aceptaron el reto de desplazar a Los Zetas de Nueva Italia.

El Wencho había aprendido construir sus máscaras gracias a su líder Servando Gómez, La Tuta, que combinaba su rostro de maestro normalista y fundador de un centro de rehabilitación para jóvenes con adicciones con la de jefe de muchachos vendedores de drogas a quienes les hablaba de Dios y deportes.

Junto a Wenseslao Álvarez Álvarez había otros michoacanos como Fidel Ortega Vargas, a quien nombró presidente del club Mapaches, y socios como Norasto Barrera, Rodrigo Salomón, Fernando Barriga y María del Carmen Zamora, según los documentos del gobierno. Entre todos crearon en 2006 a Los Mapaches, una empresa cuyo fin era blanquear las ganancias de La Familia Michoacana por la venta de droga en México y en Estados Unidos.

El club de futbol lavaba dinero de la Familia Michoacana
El club de futbol ostentaba lujos que solo tenían equipos de alto nivel | Luz Acevedo / Cuartoscuro

La primera alineación tenía un filtro de entrada poco exigente: bastaba ser joven, aguerrido, ambicioso y con un nivel de juego medianamente aceptable, me relataron los vecinos de Nueva Italia durante un viaje al pueblo en 2013 para documentar el levantamiento armado de las autodefensas contra los extorsionadores. Lo suficiente para pasar por jugador ‘amateur’. Con ellos, y un cuerpo técnico improvisado, se creó la primera alineación. En aquel entonces, desde el portero hasta los delanteros jugaban con una rabia evidente. Faltas brutales y entradas peligrosas. No cosechaban triunfos pero sí tarjetas amarillas y rojas. Jugaban como lo que eran: miembros, involuntarios o no, del crimen organizado. Patadas de sicarios.

Un equipo de futbol para lavar dinero

El club de futbol lavaba dinero de la Familia Michoacana
Los lujos del equipo encendieron las alertas de las autoridades | Cuartoscuro

¿Por qué un cártel de las drogas invertiría en la creación de un equipo de segunda división en el futbol mexicano? La respuesta está en la poca supervisión.

La Federación Mexicana de Fútbol (FMF) es una entidad privada constituida como una asociación civil sin fines de lucro, es decir, su comité ejecutivo asegura que todo lo que recauda a través de la Selección Nacional y los clubes de futbol afiliados lo vuelve a gastar en aras de lograr la misión social de promover el deporte.

En teoría, la FMF tampoco recibe recursos públicos, aunque se ha investigado que dinero del erario sale hacia sus cuentas mediante convenios de promoción turística, condonaciones de impuestos y apoyos estatales para infraestructura; por ejemplo, gobernadores que financian la construcción de un estadio con una meta supuestamente comunitaria. Esa mezcla de público y privado, recursos auditables y ocultos, y poca atención a una división de ascenso, era idónea para el crimen organizado.

Luego, está el dinero en efectivo. Las entradas que se venden en las taquillas de estadios pequeños usualmente sólo se pueden comprar en monedas y billetes. La mayoría de los clubes todavía no cobran el acceso a gradas con terminal bancaria. Ese flujo en libros contables maleables permite que se mezcle el dinero sucio con el limpio sin que sea detectado por las autoridades.

Otras maneras de lavar dinero: contratar a un jugador poco conocido por una cantidad muy superior a su valor real y que ese dinero ilícito entre al sistema bancario disfrazado de pago deportivo. O que un jugador amateur aparezca registrado con un sueldo muy alto por su “talento nato”, pero en realidad cada mes regresa miles de pesos en efectivo a dueños, quienes han blanqueado el capital como si fuera un gasto de nómina. O el club argumenta que llevó a sus estrellas a entrenar al interior del país, donde alquiló hoteles y pagó comidas que justifica con facturas falsas de las otras empresas fachada que tiene el cártel.

Las posibilidades son infinitas cuando se trata de una liga tan poco revisada como es la segunda división”, me cuenta Beatriz Pereyra, periodista con más de 20 años de experiencia cubriendo deportes desde la cara de la corrupción y los delitos de cuello blanco. “En un sistema donde la FIFA es una mafia, ¿qué es un equipo pequeño en algún lugar de Michoacán?”.
Pese a mayores facultades de la UIF avaladas por la SCJN, especialistas advierten que hay poca efectividad
La circulación de dinero en efectivo limita a las autoridades mexicanas a la regulación contra el lavado de dinero | Especial

También están las apuestas clandestinas que se logran con el amaño de partidos: basta que un socio del equipo vaya a los vestidores a amenazar de muerte a un árbitro para que el marcador se inquina hacia un equipo. Penales actuados, goles anulados por arte de magia, expulsiones sin sentido. Así se logra que los apostadores sean exactos en sus pronósticos y se lleven millones que luego mezclan con el dinero obtenido de drogas y secuestros.

El estilo de juego bronco de los Mapaches llamó la atención de las autoridades, que después pusieron lupa sobre sus lujos. Los investigadores de la AFI encontraron un uso excesivo de dinero en efectivo, proveedores fantasma, contratos exagerados, recursos públicos provenientes de alcaldes bajo sospecha de ser jefes de plaza de sus municipios y resultados deportivos que no coincidían con el nivel deportivo, por ejemplo, nacer en la Tercera División del futbol mexicano y resultar campeones en su primer torneo, el Clausura 2007, para ascender a Segunda División.

Pero lo más sospechoso fueron sus vehículos de lujo, la debilidad de los capos del crimen organizado. Los Mapaches de Nueva Italia tenían dos camiones Mercedez-Benz para trasladar al equipo y cuando jugaban en grandes ciudades, como la capital o Guadalajara, lo hacían en el ostentoso MarcoPolo, según la indagatoria en la entonces PGR. Tras seis meses de investigaciones, los agentes federales llevaron sus hallazgos a un juez federal, quien libró los mandamientos judiciales.

El lugar para detenerlos sería afuera de las instalaciones del Club América. Perder 4 a 0 sería la última de sus preocupaciones.

“No se puede culpar a la Federación Mexicana de Futbol”

Detención de Wenceslao Álvarez (a) “El Wencho”, miembro de la Familia Michoacana | PGR
Detención de Wenceslao Álvarez (a) “El Wencho”, miembro de la Familia Michoacana | PGR

Los agentes de la AFI, junto con personal de la entonces Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada, detuvieron a 20 integrantes del equipo Mapaches de Nueva Italia. Desde Wenceslao Álvarez Álvarez hasta el delantero apatzinguense y futuro seleccionado nacional Ángel Sepúlveda, fueron trasladados en el camión deportivo hasta las instalaciones de la Procuraduría General de la República en la colonia Guerrero para ser interrogados.

Tras una larga jornada, 13 fueron liberados bajo las reservas de ley y siete quedaron presos, incluyendo al dueño, presidente y socios. Los jugadores y el equipo técnico tuvieron que suspender partidos y su incipiente carrera deportiva. Desde sus casas siguieron el desarrollo de la trama que avergonzaba al futbol mexicano: La Familia Michoacana y el Cártel del Golfo se habían metido a la cancha sin que nadie los detectara o sin que nadie quisiera reportarlos.

Apenas 14 días después, la FMF atajó el escándalo y desafilió a los Mapaches de Nueva Italia, luego de que los propietarios del equipo faltaron a una segunda cita con el comité ejecutivo para explicar la investigación en su contra. Además del equipo, sus dueños fueron expulsados de la federación.

El expresidente de la FMF, Alberto de la Torre, salió pronto a los medios a exonerar a la organización que dirigió. Justificó que es difícil detectar el vínculo entre el narcotráfico y el futbol mexicano. Cosas que pasan. “No es problema del futbol, es problema de la sociedad. No se puede culpar a la Federación”, aseguró el ejecutivo.

Su nombre volvería a sonar en el juicio de Joaquín El Chapo Guzmán entre 2018 y 2019: se descubrió que, dos años antes del escándalo de los Mapaches, Alberto de la Torre usó los recursos de la Federación para comprar por 14 millones de dólares los clubes Querétaro e Irapuato a un hombre llamado Tirso Martínez Sánchez, quien resultó testaferro del Cártel de Sinaloa. De nuevo, cosas que pasan.

​Wenceslao Álvarez Álvarez, El Wencho, nunca recuperó su libertad. Acusado de delincuencia organizada y lavado de dinero pasó casi una década en la prisión de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, junto con cuatro coacusados. En diciembre de 2017 las autoridades mexicanas lo sacaron de una celda para llevarlo a un avión que despegó del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y aterrizó en Atlanta, Georgia, a donde fue extraditado por tráfico de drogas. Hasta la fecha, sigue preso en Estados Unidos.

El deportivo “Rosendo Arnaíz” de Nueva Italia, Michoacán, no ha vuelto a ver un equipo profesional de futbol. Los Mapaches ya no juegan en el césped y la gloria alguna vez alcanzada es un recuerdo que se esfuma de la memoria de los más jóvenes, quienes son atraídos por el cártel local con promesas de fama y riqueza.

Hay historias, contrario a lo que invocaba el ídolo del futbol mundial Diego Armando Maradona, en las que la pelota sí se mancha y no vuelve a rodar.


GSC/ATJ 

Google news logo
Síguenos en
Óscar Balderas
  • Óscar Balderas
  • Oscar Balderas es reportero en seguridad pública y crimen organizado. Escribe de cárteles, drogas, prisiones y justicia. Coapeño de nacimiento, pero benitojuarense por adopción.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.