A Gil se le cae la cara de vergüenza. En el hilo de Mentimex o Notimex, como usted quiera, podía leerse esta noticia: “el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, arremetió este martes ante la ONU contra las políticas de ‘fronteras abiertas’ y urgió al mundo a acabar con la inmigración ilegal, defendiendo las “medidas sin precedentes que está tomando su gobierno”.
Este llamado al mundo para cerrar sus fronteras dejó sin resuello a Gamés, pero apenas era el principio. Trump señaló a la inmigración ilegal como uno de los desafíos “más críticos” del mundo y acusó a quienes defienden la libertad migratoria de ayudar a traficantes de personas y redes criminales. Qué tiempos estos en que el presidente de Estados Unidos emplaza a otros países a cerrar sus fronteras y se niega a tomar medidas acerca del cambio climático.
Pero esto no era nada: el presidente de Estados Unidos alabó la cooperación que los países vecinos están mostrando en materia migratoria, en particular a México. A Gil le dio una vergüenza no precisamente ajena: “Quiero agradecer al presidente López Obrador de México por la gran cooperación que estamos recibiendo y por poner ahora mismo 27 mil tropas en nuestra frontera sur”, dijo Trump. “México nos está mostrando gran respeto y yo les respeto a cambio”.
Gil Genaro Estrada
Gil no sabe mucho de las reglas diplomáticas, pero no necesita ser Genaro Estrada para saber que México ha sido obsecuente e inconsecuente. Trump lanzó un mensaje a los migrantes también: “Escuche estas palabras: no pague a los traficantes, no pague a los coyotes, no se ponga en peligro, no ponga a sus niños en peligro. Porque si llega hasta aquí, no se le va a permitir entrar, se le va a retornar rápidamente a casa y no será puesto en libertad en nuestro país”. Le faltó añadir: usted permanecerá en territorio mexicano, lugar en el que se le ofrecerá todo lo necesario para la supervivencia, y la espera tranquila para obtener una respuesta de nuestro gobierno. Los otros serán deportados.
Ya lo dijo Gamés: somos maestros en paradojas. Un gobierno de izquierda se ha convertido en la policía migratoria de Trump. Se quitaron unos aranceles de encima y pusieron a la Guardia Nacional al servicio de Estados Unidos. No somos nada. Como cantaba Lola Flores mientras taconeaba en el tablado: Pena, penita, pena. Por piedad, no vayan al cantejondo que dice: Peña, peñita, Peña.
“Mientras yo sea presidente de Estados Unidos, vamos a aplicar nuestras leyes y proteger nuestras fronteras”, subrayó el presidente estadunidense. “(…)La migración ilegal masiva es injusta, insegura e insostenible para todos los involucrados (…)Cuando se mina la seguridad fronteriza se minan los derechos y la dignidad humana”, concluyó Trump.
Fascismo
Gilga estaba leyendo (ah, precioso gerundio) Fascismo. Una advertencia, de Madeleine Albright (Paidós, 2018. Lectoras, lectores y lecteres, esperen subrayados para el viernes). Dice Albright: “el fascismo es una forma extrema de gobierno autoritario. A los ciudadanos se les exige que hagan exactamente lo que el líder dice, ni más ni menos. La doctrina va ligada a un nacionalismo furibundo. Asimismo trastoca por completo el contrato social de corte tradicional. Lejos de ser los ciudadanos quienes confieren poder al Estado a cambio de la protección de sus derechos, aquí el poder empieza en el propio líder, y las personas no tienen derechos. En un régimen fascista, los ciudadanos tienen el deber de servir, y al gobierno se le atribuye la tarea de regir al país. Cuando se habla de este tema se suele confundir el fascismo con conceptos relacionados tales como, por ejemplo, el totalitarismo, la dictadura, el despotismo, la tiranía, la autocracia y algunos otros. Como académica puede que me tiente meterme en este cenagal. A mi modo de ver, un fascista es alguien que se identifica en grado extremo con —y dice hablar en nombre de— un grupo o una nación entera, que no siente preocupación por los derechos de los demás, y que está dispuesto a utilizar los medios que sean necesarios —inclusive la violencia— para alcanzar sus objetivos”.
Todo es muy raro, caracho. Como diría Charles Dickens: Acostumbramos cometer nuestras peores debilidades y flaquezas a causa de la gente que más despreciamos.
Gil s’en va
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