Política

Cosas que se dicen

Gil cerraba la semana con una fatiga de cemento armado. Caminó sobre la duela de cedro blanco como si tuviera 965 años. Su corta vista lo llevó a tropezar con la mesa de novedades. Se sabe, Gilga dispuso desde hace 300 años en el amplísimo estudio una mesa en la cual apila el enorme servicio de novedades, mju, que le envían las editoriales. En los altos de la torre estaba un grueso tomo de 600 páginas publicado por Océano: Las malas lenguas. Barbarismos, desbarres, palabros, sinsentidos y demás barrabasadas. El autor, ensayista y poeta Juan Domingo Argüelles se ha tomado el trabajo de confeccionar un diccionario de idiotismos, errores y floripondios erráticos muy usados en la vida diaria mexicana. Pero algo más, se trata de un libro ameno, bien informado y útil. Gamés hojeaba y ojeaba y mientras elegía algunas de estas incorrecciones para arrojarlas a esta página del directorio. Aquí van tres tabletas:

¿Belem? ¿Belém? ¿Jerusalem? Jerusalém? ¿Matusalem? Matusalém?

En español los nombres propios de lugares y de personas “Belén”, “Jerusalén” y “Matusalén” se escriben con “n” final y tilde. Es un error escribirlos con “m” y es doble yerro añadirles tilde, pues en nuestro idioma las palabras agudas terminadas en “m” no requieren tildarse: son los casos de “Balam”, “islam”, “harem”.

En correcto español se escribe Matusalén puesto que se refiere al personaje bíblico (hijo de Enoc, padre de Lamec y abuelo de Noé) que vivió 969 años, según la historia bíblica. Por cierto, Matusalén no es el único gran longevo bíblico, pues en el Génesis leemos que Jared vivió 962, Noé 950, Adán 930 años, Set 912, Cainán 910 y Enós 905.

¿Eficientar?

Neologismo de economistas y políticos, “eficientar” se ha extendido en el ámbito académico (la administración, la psicología, la sociología) y lo ha rebasado al grado de generalizarse en el habla y en la escritura (…) En defensa de “eficientar” habría que decir que se trata de un verbo perfectamente derivado del sustantivo “eficiencia” y del adverbio “eficientemente”.

¿En lo que sería?

Si las expresiones coloquiales “en lo que es” y “en lo que viene siendo” son casi siempre superfluas, más superflua puede ser la expresión “en lo que sería”, cuyo uso reiterado y absurdo no enloquecería, sino que enloquece, especialmente a los políticos y a los periodistas que la han convertido en ridícula muletilla al igual que las anteriores. En sus Minucias del lenguaje, José Moreno de Alba explica lo siguiente: “En el español contemporáneo de México, y de otras partes, se emplea el enunciado lo que es de una peculiar manera e, incluso, aparece en textos, orales sobre todo, de los que podría eliminarse sin modificación alguna del contenido semántico de la oración; es decir: lo que es acaba siendo una expresión superflua.

¿Luego entonces?

“Luego entonces” es una redundancia, pues tanto “luego” como entonces son adverbios de tiempo, en un amplio grupo que incluye también “ahora”, “antes”, “después”, “enseguida”, “hoy”, “pronto”. No tiene caso utilizar ambos adverbios consecutivos para dar la idea de “consecuencia”, pues cada uno de ellos puede leerse con el sentido de “por tanto”. Basta con decir y escribir “luego”; basta decir y escribir “entonces”. Este tipo de redundancia es muy parecido a “pero sin embargo” y “mas sin embargo”, que es como escribir “pero pero”, “sin embargo sin embargo”.

¿Putón?

Contra toda lógica gramatical, en España llaman “putón” no a un hombre sino a una mujer y, en particular, a una “mujer de comportamiento promiscuo y de indumentaria provocativa” (DRAE), es decir no a un “tío”, sino a una “tía”. ¡Y el diccionario académico no registra un femenino para el término, a pesar de que el localismo español sea minoritario en nuestro idioma!

Sí, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que soporta el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la frase de Samuel Johnson por el mantel tan blanco: El lenguaje es el vestido de los pensamientos.

Gil s’en va

gil.games@milenio.com

Google news logo
Síguenos en
Gil Gamés
  • Gil Gamés
  • gil.games@milenio.com
  • Entre su obra destacan Me perderé contigo, Esta vez para siempre, Llamadas nocturnas, Paraísos duros de roer, Nos acompañan los muertos, El corazón es un gitano y El cerebro de mi hermano. Escribe bajo el pseudónomo de Gil Gamés de lunes a viernes su columna "Uno hasta el fondo" y todos los viernes su columna "Prácticas indecibles"
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.