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Viernes , 19.04.2019 / 10:03 Hoy

Capitolio

Soberbia intemperante

Gerardo Hernández

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México pasó de una sucesión de presidentes sordociegos («ni los veo ni los oigo») a uno que quiere consultarlo todo con el pueblo, según su conveniencia, para hacer creer que quien manda es el ciudadano de a pie, no quien despacha en Palacio Nacional ni las elites. 

Bajo ese barniz de democracia participativa se han cancelado obras en proceso e impuesto proyectos caprichosos. 

En el extremo, también se busca decidir a mano alzada la relación con el vociferante Donald Trump.

La legitimidad se obtiene en las urnas, pero en el ejercicio del poder se refrenda o se diluye. 

Peña Nieto ganó con el 38.2% de los votos y en la siguiente elección presidencial su partido apenas recibió el 16.4% de los sufragios. 

La ciudadanía castigó de manera indubitable la impericia y corrupción de un gobierno cuyas reformas fueron elogiadas por los mercados y la prensa extranjera. Sin embargo, los beneficios prometidos jamás llegaron.

Los 30 millones de votos por López Obrador tuvieron dos desencadenantes principales: el enfado nacional con una clase gobernante cínica y rapaz, representada por el PRI, el PAN y el PRD, y la esperanza de cambio de los sectores históricamente ignorados. El candidato de Morena se presentó tal cual es: un hombre simple, sin rebuscamiento. Pero también sin dotes de estadista.

Repetir las fórmulas de siempre para tratar de debilitar a AMLO, arrojará los mismos resultados. 

El activismo en las redes sociales y la crítica en los medios de comunicación pueden contribuir en algo, pero las primeras son tan manipulables y en algunos casos los segundos responden a sus propios intereses, que difícilmente lograrán reducir la base electoral del presidente y su partido; al menos en el corto plazo. 

AMLO es un provocador nato y al caer todo el mundo en su juego, quien gana es él.

Es preciso cambiar el enfoque y plantar cara con inteligencia —no con las vísceras— a un líder que ha afrontado mil tormentas. 

Existe una sentencia de Abraham Lincoln aplicable al caso: «Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis poner a prueba de verdad el carácter de un hombre, dadle poder». 

La némesis de AMLO es el exceso de poder. Su enemigo no es quien piensa distinto y advierte sobre los riesgos de una presidencia autócrata, sino su soberbia intemperante.

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