Política

Piedritas en el zapato

En forma pausada, pero constante, la Presidenta y el movimiento que ahora ella encabeza se han ido deshaciendo de algunas piedritas que traían en los zapatos. Se trata de personajes que, por diversas razones, se habían ido haciendo incómodos para el movimiento y cuya permanencia en sus respectivos puestos producía más costos que beneficios. Todos saben de quiénes hablamos: Gertz en la Fiscalía, Adán Augusto en la Coordinación de Morena en el Senado, José Romero en la Dirección General del CIDE y Marx Arriaga en la Dirección General de Materiales Educativos de la SEP. Los casos en comento tienen varias cosas en común.

Primero, y muy importante, todos estos cargos provenían de decisiones de la administración anterior. Esto incluye el caso de Adán Augusto en el Senado, cuyo nombramiento fue acordado como parte del proceso sucesorio.

Segundo, todos habían causado problemas internos y externos. Por lo mismo, todos se habían ganado la animadversión de tirios y troyanos. Los factores son bien conocidos: las constantes filtraciones de la Fiscalía; la vinculación de Adán con un personaje acusado de comandar un grupo del crimen organizado en Tabasco; el deterioro significativo en el ambiente académico e institucional del CIDE; y el contenido de los libros de texto y las constantes críticas hacia la actual administración. No sorprende, por tanto, que pocos hayan criticado o cuestionado estas decisiones. Más bien al contrario: la gran mayoría de las reacciones fueron celebratorias tanto dentro como fuera del movimiento.

Tercero, en todos los casos, los afectados no supieron entender el nuevo contexto en el que operaban. La soberbia acabó por hundirlos. Se decían, real o imaginariamente, apoyados por el ex presidente López Obrador, lo cual pudo haber sido cierto en su momento, pero las circunstancias ya habían cambiado. Nunca lo entendieron. Sus desplantes acabaron por hundirlos. En algunos casos incluso agredían verbalmente a sus superiores, quienes habían sido designados por la Presidenta. No entendían que cuestionar a sus jefes era cuestionar el liderazgo presidencial. Marx Arriaga no se cansaba de hablar de “las cloacas” de la SEP. Tanto él como Romero se empeñaban en decir que luchaban desde el obradorismo contra el neoliberalismo y, de alguna manera, sugerían que las políticas actuales caían dentro de este último. Craso error. Se consideraban dueños de la verdad obradorista. Eran más papistas que el Papa.

Finalmente, todos ellos se rehusaron en una primera instancia a aceptar su destino. En varios casos usaron o amenazaron con usar el atrincheramiento como estrategia. Mientras la oposición disfrutaba el espectáculo, el desgaste para el gobierno crecía. La reacción de los defenestrados terminó más que justificando las decisiones tomadas.

La conclusión de todo esto es evidente: la Presidenta observa y toma nota del comportamiento de colaboradores y correligionarios. No cae en la provocación mediática u opositora que presiona para que tome decisiones inmediatas. Analiza, actúa con cautela y les da la oportunidad de rectificar. De aquí en adelante, los que se empecinen en su comportamiento ya sabrán a qué atenerse.


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Gerardo Esquivel
  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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