Política

34 horas de rebeldía

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El intento de regreso de Rubén Rocha Moya a la gubernatura de Sinaloa no duró ni un fin de semana. Apenas el viernes pasado Rocha anunció muy orondo al estilo Terminator: “Estoy de regreso”. Al día siguiente, 34 horas después de haber retornado, volvió a pedir licencia al Congreso local para separarse de su cargo por tiempo indefinido. Su regreso fue tan efímero que incluso duró menos que la famosa huelga de hambre del expresidente Salinas de Gortari.

La interrogante central es ¿por qué decidió Rocha regresar a la gubernatura de esta forma? Es decir, sin consultarlo o acordarlo ni con el gobierno federal ni con su partido. Para algunos esto fue un acto de soberbia y un desafío político a la presidencia. Para otros, fue la señal inequívoca de una ruptura al interior de Morena. Para mí, en cambio, es evidente que se trató de la decisión aislada de una persona desesperada.

Es muy probable que la decisión de Rocha haya sido detonada por la combinación de dos factores recientes: primero, por el arresto de Fausto Corrales, asistente de Héctor Melesio Cuén, quien fue testigo directo de los acontecimientos del 25 de julio de 2024 en los que resultó muerto Cuén y que culminaron con el secuestro y entrega del Mayo Zambada en Estados Unidos; segundo, por la aparente confirmación de que el General Mérida, exsecretario de Seguridad Pública de Sinaloa, habría llegado a un acuerdo con autoridades estadunidenses para colaborar en las investigaciones a otros personajes, entre los que se encuentra el propio Rocha. Su destino, pues, parece marcado.  La gran duda ahora es si Rocha será juzgado aquí o en Estados Unidos y si esperarán o no a que termine su mandato (algo similar a lo que ocurrió con Mario Villanueva hace varios años).

Quizá Rocha calculó que podría negociar mejor estando en la gubernatura que fuera de ella. Quizá esperaba que hubiera un momento de confusión o que algunos de sus correligionarios le externaran su apoyo. Evidentemente se equivocó. Contrario a lo que quizá esperaba, el repudio a su decisión fue inmediato y en bloque. Muy pronto todo el aparato gubernamental y partidista se apresuró a deslindarse de él y de su decisión. Se deslindaron todos: el partido, los diputados, los senadores, el gobierno y la Presidenta. Nadie lo apoyó. En menos de un día se percató de que estaba más solo que la luna.

Sorprendentemente, algunos opinadores rápidamente empezaron a gestar narrativas de ruptura al interior de Morena y del gobierno federal. Hubo incluso quienes quisieron ver aquí un cisma entre la presidenta Sheinbaum y el expresidente López Obrador. Llegaron a hablar de maximatos y de ajustes y reacomodos en el gabinete. También idearon una supuesta petición de renuncia del Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana. Mucho periodismo-ficción. La realidad fue exactamente la contraria: una respuesta contundente y monolítica en contra de la decisión de Rocha Moya. No hubo disidencias ni medias tintas. El intento de rebeldía de Rocha Moya terminó en menos de dos días y solo evidenció su desesperación. La idea de una ruptura y de un desencuentro al más alto nivel parece reflejar más los anhelos de algunos opinadores que la realidad.


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Gerardo Esquivel
  • Gerardo Esquivel
  • Economista.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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