En 2025 Jalisco consolidó una posición estratégica en la economía global al convertirse en el principal estado no fronterizo en exportaciones tecnológicas, con más de 52 mil 500 millones de dólares. Este desempeño confirma su papel como nodo clave en la reconfiguración de las cadenas globales de valor y evidencia la profundidad del fenómeno de relocalización productiva en México. Sin embargo, este dinamismo convive con una tendencia preocupante, la desaceleración del empleo formal, especialmente en los sectores de servicios y comercio.
El auge exportador responde en gran medida a la expansión de la industria electrónica y de semiconductores. Productos como procesadores, pantallas, laptops y componentes para centros de datos han sido determinantes. Destaca el caso de los procesadores de computadora, cuyo valor exportado asciende a más de 80 mil millones de dólares a nivel nacional, con una afectación arancelaria marginal. Esto revela la fortaleza de la integración productiva de América del Norte, donde el contenido regional supera el 99 por ciento y permite amortiguar los efectos de políticas proteccionistas.
No obstante, este éxito descansa sobre una transformación estructural que redefine el mercado laboral. La incorporación acelerada de automatización, robótica e inteligencia artificial ha reducido la demanda de mano de obra intensiva, generando un fenómeno de crecimiento económico que no se traduce en empleo suficiente. La productividad aumenta, pero los beneficios no se distribuyen de manera proporcional en la generación de trabajo formal.
Las cifras son claras. En 2025 Jalisco generó menos empleos formales que el año previo, mientras que en los primeros meses de 2026 el ritmo de creación laboral quedó muy por debajo de las metas establecidas. A esto se suma una tendencia nacional de debilitamiento del tejido empresarial formal, con una caída sostenida en el número de patrones registrados. La desaparición de empresas limita la capacidad de absorción laboral y profundiza la fragilidad del mercado interno.
Este contexto se agrava con el crecimiento de la informalidad, que en el Área Metropolitana de Guadalajara alcanza niveles relevantes y podría incrementarse si se mantienen las condiciones actuales. La expansión del empleo informal reduce la recaudación fiscal, debilita los sistemas de seguridad social y dificulta la planeación económica de largo plazo. Se trata de un problema estructural que trasciende coyunturas y que pone en entredicho la calidad del crecimiento económico.
Paradójicamente, el mismo proceso que impulsa el crecimiento exportador genera presiones adicionales. La relocalización de cadenas productivas ha atraído inversión extranjera, expandido parques industriales y diversificado la estructura productiva. Sin embargo, también ha incrementado la demanda energética y ha evidenciado limitaciones en infraestructura y sostenibilidad. La competitividad futura dependerá de la capacidad para garantizar energía suficiente, certidumbre regulatoria y condiciones de seguridad adecuadas.
Frente a este panorama, la política pública enfrenta un dilema central. Resulta indispensable traducir el éxito exportador en bienestar social. Iniciativas como la educación dual representan avances al vincular la formación académica con las necesidades del sector productivo, pero son insuficientes si no se acompañan de estrategias integrales. Es necesario fortalecer a las pequeñas y medianas empresas, fomentar la formalización y mejorar el entorno institucional.
El caso de Jalisco refleja una tensión característica de las economías insertas en la globalización tecnológica. Ser altamente competitivo en exportaciones no garantiza desarrollo incluyente. El reto no radica únicamente en atraer inversión, sino en construir un modelo que articule innovación, empleo de calidad y sostenibilidad.
De cara a eventos internacionales y a la continuidad del nearshoring, el desafío es evitar que los beneficios sean temporales. El objetivo debe centrarse en consolidar un crecimiento que se traduzca en desarrollo, entendido como una mejora sostenida en las condiciones de vida. Solo así Jalisco podrá sostener su liderazgo sin profundizar las brechas laborales que hoy acompañan su éxito exportador.