El ciclo de la vida generalmente atraviesa por diferentes etapas hasta llegar a la vejez y, eventualmente, morir, que es lo único que con toda certeza sabemos que ocurrirá algún día.
A esta etapa llegaremos en diferentes condiciones, dependiendo de cómo llevemos la cuenta de salud que acumulamos con el paso de los años.
En el contexto social vigente, con frecuencia resulta compleja la gestión de la etapa de la ancianidad o bien, de la enfermedad que casi siempre conlleva esa edad.
Y es que para el que envejece hay un momento en que debe optar por seguir viviendo en su casa, o irse a casa de algún familiar, o elegir una casa de retiro.
Un día, en la vejez, adquirirá más importancia el apoyo para paliar la soledad, máxime ante la viudez. Pero también, conforme se van reduciendo las capacidades físicas y mentales, se requiere mayor auxilio.
Si se cuenta con los recursos o algún familiar ofrece ese apoyo, la situación podría ser medianamente favorable.
Pero, ¿cuántas personas están dispuestas a destinar parte de su día al cuidado de un familiar en edad mayor?
A veces no hay más alternativa que cohabitar en casa de ese familiar para hacer más sencillo el cuidado, compañía y ayuda, incluso en lo económico. Sin embargo, esa opción implica un ajuste en las rutinas tanto de los anfitriones como del que se muda, y más aún cuando la vejez ha cobrado hasta el ánimo y facultades de los ancianos.
Finalmente, son muy pocos aquellos con posibilidades de acceder a un centro de cuidado, no sólo por el costo, sino porque son escasos, y muchos de los huéspedes se encuentran hacinados y hasta abandonados.
En nuestro país no existe la infraestructura, ni se está planeando con la suficiencia necesaria, tomando en cuenta que en unos 20 años habrá más adultos mayores, en diferentes condiciones económicas, médicas y familiares, que niños menores de 14 años.
Esto nos debe poner a pensar, por lo pronto, en lo que estamos realizando para cuando llegue ese tiempo y, además, conducirnos a generar propuestas dirigidas a aquellos que ya lo viven, y que incluyen al menos visitarles o llamarles periódicamente.
Flor.vargas@iberotorreon.mx