En esta entrega concluiremos la reseña de “Prohibido soñar de pie” (Ficticia 2026) de Jaime Muñoz Vargas.
Al entrar en la segunda parte del libro, reconocemos otros temas además del mundo literario.
Resalta el futbol en “Jugada de peligro” y “Un Maradona posible”.
El segundo es el más futbolero —deporte que apasiona a Jaime y que ha sido una constante en su obra— y presenta una biografía hipotética del jugador argentino en México.
Por lo mismo, también es el más borgeano del volumen.
"Jugada de peligro" nos lleva a una familia que, de pronto, se ve relacionada con algunos jugadores sudamericanos en La Laguna. Hay una reflexión sentimental sobre la manera en que la economía influye en las relaciones sociales.
Esta convergencia entre deporte y vida aparece también en “Después de las luchas”.
El cuento ofrece uno de los motivos de la portada, en la que aparece una máscara de luchador reproducida en una tira de celuloide.
La lucha libre es otro de los núcleos de la literatura de Jaime.
Luego, el libro se concentra en lo social. “En la orilla” y “Yo tengo tu dirección” nos hablan de la posible tragedia que puede estar anidada en la cotidianidad: un amigo de la juventud regresa completamente derrotado y un hombre cualquiera se enfrenta a la posibilidad de comprar un auto “chueco”, convirtiéndose quizá en un delincuente silencioso.
Llegamos entonces a tres cuentos sobre la masculinidad. “A tus brazos otra vez” es irónico y describe con detalles las experiencias íntimas de un personaje al que le han negado el amor.
En contraste, “Muchísimas gracias” adquiere una perspectiva nostálgica: el narrador nos cuenta cómo conoció a una mujer que reencuentra muchos años después, recordándonos a Cortázar y José Emilio Pacheco.
Y "Carta de Diana", que vuelve al mundo literario-académico: una especialista argentina ofrece un curso en una universidad lagunera y, entre la atracción y el respeto, la caballerosidad termina por imponerse.
El lector de esta columna ahora conoce catorce de los quince relatos de la colección.
Detectamos temas en común: la literatura y el arte como modo de existencia, el futbol, las luchas, el crimen, el realismo, la tentación del éxito y el fracaso.
Pero el libro nos reserva algunas victorias. Son pequeñas, acaso sentimentales nada más, aunque lo suficientemente poderosas como para restablecer la dignidad de los sueños y la vida.
No todo es frustración en estos cuentos que se desarrollan en la Comarca Lagunera, haciendo del desierto un universo.
Jaime Muñoz Vargas también triunfa por medio de su prosa: rítmica, muy rica y llena de humor. Y dedica el volumen a Saúl Rosales Carrillo, reconociendo su tradición e impulsándola.
Al final, nos revela que el hacer es en realidad juego. “Monotonía de las vueltas” dice:
“Cuando el Hombre Araña se avecindó en Torreón, vio con tristeza que para tender su prodigiosa telaraña solo contaba con el edificio Monterrey.
Allí murió, viejo y aburrido, dando vueltas como si fuera un monótono volador de Papantla”.
“Prohibido soñar de pie” de Jaime Muñoz Vargas es un libro que nos enseña a reír de pie y a soñar todavía, aunque el mundo no dé para más.