Cultura

Los niños mágicos (Parte uno)

  • 30-30
  • Los niños mágicos (Parte uno)
  • Fernando Fabio Sánchez

Me interesa hablar de la representación de niños en los medios masivos y digitales de comunicación; niños en cualquier ambiente, pero, sobre todo, en la escuela. Aparte de las representaciones clásicas del cine mexicano con las que crecí —la película Simitrio (1960) de Emilio Gómez Muriel y otras de la misma melodramática escala son un ejemplo—, la primera participación de niños que me impresionó fue la del filme Pink Floyd: The Wall (1982) de Alan Parker.

En esta película, los niños arrojaban los pupitres, los cuadernos; hacían añicos el mobiliario y las instalaciones con hachas; tumbaron los muros y terminaron incendiando el lugar. Al final, jubilosos y salvajes, arrojaron al maestro en la hoguera.

Se rebelaban contra el sarcasmo y las agresiones físicas; en sí, contra un sistema que los volvía carne molida (literalmente): niños sin voluntad ni identidad.

Aunque la generación representada no era la mía, ver aquella violencia me encendió las ideas. No tenía mucho yo contra qué rebelarme (como aquellos chicos durante y después de la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra que se volvieron los hippies de los 60), pero aquella imagen de la carne molida me advirtió del peligro de la enajenación.

Ya en la vuelta del siglo, me llamó la atención que los niños que aparecen en las películas o videos musicales (hablo de aquellos en inglés) son niños “mágicos”. Un ejemplo es el video de M83, “Midnight City”. Aquí un grupo de niños con poderes mentales y artísticos sobrenaturales se escapa de un centro de investigaciones para explorar el límite de sus capacidades. Estos niños se parecen a los personajes infantiles de la serie de filmes X-Men.

Precisamente a este punto me gustaría llegar.

Abundan ahora las representaciones de sujetos, tanto infantiles como adultos, con capacidades únicas y, por eso, mágicas.

Esto podría ser a la inversa, son mágicas porque son únicas. Me pregunto si esta noción no se fue generando durante las décadas en que los mismos chicos pidieron no ser controlados por el profesor. Se quedaron libres y por eso llegaron a su máximo potencial. Esto podría ser real para algunos; en otros casos, pura creencia: no se es más inteligente, pero al ejercer la libertad se llega a creer que sí. Decir lo contrario significaría represión. De cualquier manera, al ser testigos de la transformación del mundo, de la complejidad tecnológica y, más que nada, de lo visual, confirmamos que hay individuos muy talentosos por allí. Son esos niños cuya imaginación dejaron libre y cuyos talentos crecieron hasta ramificarse. Si ésa es una fórmula de desarrollo y se sigue aplicando con inteligencia, imaginen ustedes hasta dónde llegarán en el futuro.


Twitter@fernofabio

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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