Al salir de Chicomoztoc, útero sagrado y portal al inframundo, los mexicas renacieron junto a otros siete grupos, como leímos la semana pasada. Pero esta no sería la única escena de iniciación en su viaje.
Años más tarde, las tribus nahuatlacas presenciaron un signo que cambiaría nuevamente su identidad.
Según el “Códice Boturini” o la “Tira de la peregrinación”, mientras comían tamales bajo un sabino o ahuehuete, escucharon un estruendo.
Repentinamente, el árbol que los protegía se partió a la mitad del tronco.
El presagio dio nombre al lugar, Cuahuitl Itzacuapan: donde se levanta el árbol o el árbol que se inclina.
El tipo de árbol es significativo. Ahuehuete viene del náhuatl, atl (agua), y huehuetl (viejo), y une el cielo con el agua subterránea.
Luego de la caída del “viejo del agua”, posiblemente cerca del Nazas, Huitzilopochtli reveló un designio.
Los ocho calpullis debían separarse, partirse como el árbol que había sido su hogar.
Los mexicas se quedaron sobre las raíces, con la cabeza baja y llorando, mientras sus compañeros partían.
Sin embargo, pese a la soledad, el dios les prohibió seguirlos, afirmando que a partir de ese momento ellos serían su pueblo elegido.
Se llamarían mexitin (mexicas), despojándolos de su antiguo nombre, aztecas (habitantes de Aztlán).
Y los mexicas avanzaron hacia el sur con el bulto sagrado de su dios, Huitzilopochtli, el colibrí zurdo, separados de su linaje ancestral.
Las tres escenas míticas, Aztlán, Chicomoztoc y, ahora, Cuahuitl Itzacuapan, están unificadas por la presencia y la voz de un dios en forma de colibrí.
Pero ¿quién era este dios?
Yolotl G. de Lesur propuso en 1967 que Huitzilopochtli fue, en el origen, Huitzitl, un líder humano deificado que se fusionó con una deidad antigua llamada Tetzauhteotl, el dios portentoso o presagio.
En Aztlán, los mexicas habían adorado a este dios, patrono de la caza y la pesca.
Un día, Huitzitl ordenó iniciar la peregrinación, inspirado por Tetzauhteotl.
Y en la ruta, según el relato del cronista colonial Cristóbal del Castillo, el dios Tetzauhteotl anunció a Huitzitl que moriría pronto, pero que encarnaría en sus huesos para seguir guiando al pueblo.
Tras su muerte, los restos fueron colocados en un envoltorio sagrado llamado tlaquimilolli (literalmente, bulto sagrado), que era transportado por los teomamas o cargadores de dios.
Este bulto contenía los huesos de Huitzitl junto con mantos y armas sagradas, y servía como un medio para comunicarse con el dios.
Mas ¿cómo? Por medio de la magia.
El significado de Huitzilopochtli (el colibrí zurdo) nos ofrece la pista. Del Castillo afirma que se le llamó así porque el líder humano era, efectivamente, zurdo.
No obstante, Carolyn E. Boyd, en sus estudios del pensamiento mágico de los antiguos chichimecas, explica que la mano izquierda se vincula a la muerte, al ejercicio de la hechicería.
La magia explicaría entonces por qué un pequeño dios de recolectores se transformó en el dios guerrero que llevaría a los mexicas a la dominación de Mesoamérica.
En la siguiente entrega veremos cómo empezó a volar el colibrí zurdo para buscar la guerra.
fernandofsanchez@gmail.com