Bajo el mando de Huehue Huitzilihuitl, los mexicas se establecieron en Chapultepec para fundar su altépetl, como vimos en la entrega pasada.
En el cerro del chapulín, establecerían un centro político, proclamarían tlatoani —'el que habla', el gobernante— a Huitzilihuitl y realizarían rituales fundacionales.
Por fin terminaría el peregrinaje, la sequía y la incertidumbre.
Chapultepec resultaba el lugar ideal: su ubicación, frente al lago de Texcoco, les permitía controlar el acceso al lago mismo, al tiempo que gozaban de manantiales de agua dulce.
Aquel ensayo de la laguna alrededor del cerro de la serpiente, Coatepec, se había vuelto realidad.
El cerro y el agua formaban el umbral entre el mundo y el inframundo. Allí parecía repetirse la geografía mítica de Aztlán y Chicomoztoc.
Tras siglos en el útero, por fin habían llegado a la existencia.
Además, Chapultepec poseía un valor defensivo por su elevación, según señala el historiador Federico Navarrete.
Pero había un problema, y es que Chapultepec estaba situado en una zona fronteriza entre varios señoríos.
El valle de México era un universo político muy diverso.
Al norte sobresalía Xaltocan, 'lugar de la araña de arena', ciudad-isla otomí. Al noroeste dominaba Azcapotzalco, 'lugar del hormiguero', centro político de los tepanecas, con su satélite Tlacopan, 'lugar de las varas', a poca distancia.
Hacia el sur, se asentaba Coyohuacan, 'lugar de los coyotes', al pie de las elevaciones que conducían al Ajusco. Más allá, Xochimilco, 'Campo de flores', cultivaba el lago con chinampas.
En el sureste, Chalco, 'lugar al borde del agua', miraba los dos volcanes, el Iztaccíhuatl, 'Mujer blanca', y el Popocatépetl, 'Montaña que humea'.
Y al sur del lago de Texcoco se elevaba Culhuacán, 'lugar de los ancestros venerables', la más respetada de todas por su sangre tolteca.
Chapultepec no se encontraba vacío. Sobre el cerro, había antiguos asentamientos toltecas y espacios ceremoniales de otros tiempos.
Entre los grupos presentes en Chapultepec destacaban los tlacochcalcas, la ‘gente de la casa de los dardos’.
Desde aquel entonces, Chapultepec estaba asociado a la milicia.
En muchos contextos nahuas, “tlacochcalco” era el arsenal o casa militar de un palacio.
Este era un pueblo nonohualca, tolteca y tecpantlaca. Decía estar relacionado con Tollan (Tula).
Tomaban como dios patrono a Tezcatlipoca, ‘el Espejo Humeante’, de la misma manera que los mexicas seguían a Huitzilopochtli.
En otras palabras, era un grupo dedicado a la guerra, que contaba con el prestigio del que los mexicas carecían.
Su autoridad era doble: su culto era aceptado regionalmente —Tezcatlipoca era deidad más antigua que Huitzilopochtli— y además estaban emparentados con la realeza. Tecpantlaca quiere decir 'gente de palacio'.
Los tlacochcalcas llegaron a Chapultepec acompañados de las tradiciones y símbolos de Tezcatlipoca.
Como otros pueblos mesoamericanos, es probable que transportaran alguna representación material de su dios.
Quizá un tlaquimilolli que guardaba reliquias, espejos de obsidiana, oro y cascabeles, mediante los cuales se hacía presente el Espejo Humeante.
Mexicas y tlacochcalcas comenzaron a fusionar credos, linajes y líneas temporales.
Todo estaba listo para que Huehue Huitzilihuitl fuera declarado el primer tlatoani.
Aunque, para eso, necesitaban realizar un sacrificio.
Y fue ahí cuando entró en escena Cópil, sobrino de Huitzilopochtli e hijo de Malinalxóchitl, la hechicera que abandonaron los mexicas luego de salir de Coatepec.
Ahora regresaba del pasado para revivir una antigua rencilla familiar y, convenientemente, fundar el porvenir mexica, como veremos en la siguiente entrega.