Breve repaso por 30 filmes representativos del cine que se estaba produciendo hace medio siglo, revisitando géneros y geografías, y ampliando espectros narrativos y propuestas visuales.
De aliento coral y centrada en la cuna del country, Nashville sigue a un grupo de personas involucradas en la industria musical durante cinco días previos a la realización de un concierto en beneficio de un político; Robert Altman dirige con sutil tono crítico y satírico habitual, en tanto Sidney Pollack le entró al thriller político en Los tres días del cóndor, en la que Robert Redford debe descubrir con la ayuda de Faye Dunaway, quién está detrás de los asesinatos de sus compañeros de la CIA. Después de dirigir algunos cortos, capítulos de series y filmes para la televisión, Steven Spielberg cambió la forma de entender el verano fílmico en las pantallas de cine con Tiburón, su angustiante filme con ecos de Moby Dick que nos sumergió en aguas escalofriantes con el minimal score de John Williams como acompañante. Sidney Lumet , por su parte, propuso Tarde de perros, un clásico del subgénero de robos a bancos con un Al Pacino inspirado.
El gigante Akira Kurosawa entregó Dersu Uzala, obra mayor dentro de su filmografía en la que se plantea el vínculo que establece un explorador enviado por el gobierno ruso a la estepa siberiana y un cazador nativo; también desde Japón, se presentó Cementerio de honor, navegando entre el falso documental y la ficción sobre un miembro de la yakuza y su inmersión en la violencia desenfrenada. Basada en la novela de Joan Lindsay, la cinta australiana Picnic en Hanging Rock, una de las mayores representantes de la nueva ola de aquellas tierras, fue dirigida por Peter Weir con la sensibilidad acostumbrada y retomando la esencia de su par literario, en particular la angustia y frustración causada por la desaparición de una maestra y unas alumnas en la actividad referida en el título. Desde la India, apareció el remake Deewaar, dirigido por Yash Chopra y que sigue los conflictos entre dos hermanos en lados opuestos de la ley.
Dirigida por Stuart Cooper, Overlord retomó pietaje real para construir su narrativa acerca de una mirada personal a la II Guerra Mundial, expresada por un joven desencantado que se prepara para participar en el combate, en tanto Michelangelo Antonioni dirigió a Jack Nicholson en El pasajero (Professione: reporter), en el que un corresponsal de guerra incapaz de continuar con su trabajo, decide asumir la personalidad de un fallecido traficante de armas. El mismo actor protagonizó la obra maestra Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo’s Nest), junto a una siniestra Louis Fletcher como la enfermera de un psiquiátrico en el que se aplican terapias radicales; realizada por Miloš Forman, la cinta se llevó los cinco principales oscars (segunda en lograrlo). Por su parte, Siete bellezas. Pasqualino Settebellezze, dirigida por Lina Wertmüller en la que seguimos al protagonista (Giancarlo Giannini) en tiempos del fascismo, quien cometió un crimen de honor y tras ser enviado a una institución mental, termina en un campo alemán en el que tendrá que usar sus dotes seductoras para sobrevivir.
Pier Paolo Pasolini se lanzó fuerte a la crítica de las estructuras de poder del fascismo con la muy explícita Saló o los 120 días de Sodoma, mientras que Rainer Werner Fassbinder realizó La ley del más fuerte, analizando las distancias entre las clases sociales a través del ilusorio ascenso de un hombre al ganar la lotería, pronto víctima de su novio, perteneciente a la burguesía. El realizador filipino Lino Brocka se encargó de Maynila sa mga kuko ng liwanag (Manila in the Claws of Night), una de las películas más importantes de aquel país y en donde un pescador va en busca de su amor a la capital pero se encuentra con toda una jungla de asfalto, entre abusos laborales y redes de prostitución. Y el griego Theo Angelopoulos firmó El viaje de los comediantes un poco a escondidas, retratando los problemas de una compañía teatral en tiempos de la ocupación nazi, en tanto que la mexicana Actas de Marusia, dirigida por el chileno Miguel Littin, se centró en la represión a un grupo de mineros por parte de una trasnacional.
La influyente Barry Lyndon, dirigida con obsesiva recreación de la Inglaterra del siglo XVIII por Stanley Kubrick, siguió a un irlandés medio vivales que abandona los ideales personales para buscar fortuna, sin mayor éxito. Una de las hijas de Víctor Hugo vivió la enorme decepción de un amor no correspondido por parte de un militar y François Truffaut se basó en este caso para realizar El diario íntimo de Adèle H. con Isabelle Adjani como la desdichada protagonista. En tanto, Ingmar Bergman adaptó la famosa ópera de Mozart, La flauta mágica, llena de luminosidad y magia rescatista, mientras que John Huston hizo lo propio con el relato de Rudyard Kipling (encarnado por Christopher Plummer) para entregar El hombre que quiso ser rey, en la que un par de soldados británicos -Michael Caine y Sean Connery- se lanzan en busca de riqueza a una tierra que no había visto un hombre blanco desde Alejandro Magno, en donde encuentran adoración.
Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080, Bruxelles es una de las obras clave de Chantal Akerman y del cine feminista, disectando aquí la rutina de una mujer en casa con su hijo adolescente. Con cierto aliento autobiográfico, Andrei Tarkovsky volvió a esculpir el tiempo ahora a través de un poeta moribundo compartiendo reflexiones y recuerdos en Espejo, entre secuencias de noticias, Jean-Luc Godard continuó su ruta experimental con Número 2, en la que tras una explicación inicial sobre la industria, el filme se introduce en la conflictiva vida de una familia de clase media en Francia entre estreñimientos y sexualizaciones, como si se tratara de una reality show primigenio, con cámaras instaladas por la casa. En el documental Jardines grises de Albert y David Maysles, Muffin Meyer y Ellen Hovde, se presentan a dos mujeres mayores, madre e hija y familiares de Jackie Kennedy Onassis, que viven aisladas en una casona en Long Island y se van revelando como personas de personalidades especiales tan fascinantes como impredecibles.
El terreno de la comedia alcanzó altas cuotas con Monty Python y el santo grial, dirigida con hilarante enfoque surrealista por los los tocayos Terry, Gillian y Jones, mientras que Woody Allen también jugaba al absurdismo en La última noche de Boris Grushenko, en la que un par de primos planean, desde la Rusia zarista, el asesinato de Napoleón, en tanto otro par de primos lejanos se conocen y establecen una estrecha relación, ante la sospecha de sus respectivos cónyugues: se trata de la comedia francesa Primo, prima de Jean-Charles Tacchella. El show de terror de Rocky, combinación de horror, comedia y musical de rock, resultó ser todo un influyente homenaje, dirigido por Jim Sharman, al cine de género. Hal Hashby entregó la comedia de enredos Shampoo, con un Warren Beatty en plan mujeriego, junto con Julie Christie y Goldie Hawn.