¿Tratará Donald Trump de apagar con gasolina el incendio que consume su propia casa?
¿Buscará recuperar la fuerza perdida por la ola creciente de protestas contra su política migratoria y la brutalidad criminal del ICE elevando la apuesta imperial de Estados Unidos en el mundo?
¿Intentará recuperarse del daño catastrófico sufrido por la publicación del expediente Epstein con una acción similar a la de Venezuela o, todavía peor, en cualquier otro país del mundo?
¿Será capaz de recuperarse de los golpes sufridos?
¿Está herido de muerte, políticamente hablando?
¿Y el pueblo estadunidense le dará la espalda o volverá, en las elecciones intermedias que habrán de celebrarse en noviembre, a confiar en su verdugo?
Con un vecino como él y en una situación tan crítica como la que enfrenta, hemos de estar preparados, pues cualquier cosa puede pasar.
Lo mejor, y como lo está haciendo Claudia Sheinbaum Pardo, es no confiar en que, debido a presiones internas al norte del río Bravo, la amenaza habrá de disminuir.
Lo mejor es no esperar a que allá las cosas cambien, sino acelerar y profundizar la transformación de México.
Para eso es preciso no detenerse ni un instante: recorrer incansablemente el país, escuchar y hablar con su gente, trabajar sin descanso, entregar resultados, cumplir escrupulosamente con el mandato recibido en las urnas.
En eso, convencida de que, como decía Benito Juárez, “solo el pueblo puede salvar al pueblo”, está empeñada la Presidenta, y en eso hemos de acompañarla, con la misma pasión, la misma entrega, la misma terquedad, todas y todos los que queremos un país libre, soberano e independiente.
Así se defiende a México en estos tiempos oscuros: atrincherándonos en los principios, fundiéndonos con el pueblo, generando justicia y bienestar para todas y todos.
Así, respondiéndole a las familias que se vieron obligadas y obligados a dejar atrás, se defiende también a nuestros compatriotas que viven, trabajan y enfrentan la persecución y la amenaza de la deportación en Estados Unidos.
Así, con el ejemplo de una transformación que se produce en libertad, que es pacífica, democrática, plural, y que es inspiración y esperanza para otros países y para los mismos estadunidenses, se defiende también la paz en el mundo.