Política

Cuando todo se vuelve política

  • 4ta de Humboldt
  • Cuando todo se vuelve política
  • Elliot Ruiz

No sé si es la “comodidad” que representa para la gran mayoría que el Estado “lo resuelva todo” o la ambición por el poder lo que provoca que el Estado pretenda controlarlo todo. A riesgo de ser tildado de neoliberal, me parece un exceso que los gobiernos tengan una secretaría o ministerio para cada aspecto de la vida del ciudadano. Dejando de lado el hecho de que cada una de esas instituciones, creadas para abarcar más de lo necesario, se sostiene con recursos públicos, me preocupa que aun las actividades más nobles del ser humano se transformen en actos anticipados de campaña. Ya en 1871, el diplomático Manuel Payno hacía la siguiente anotación: “En México, más que en ninguna otra parte, todo se vuelve política, y hasta (…) a las sociedades literarias y científicas y a los establecimientos de instrucción pública los impregnamos de ese acre perfume que (…) concluye por desvanecer y enfermar a los que a él no están acostumbrados”.

Así es como todo acto académico o cultural que se pone en manos de la Administración Pública se convierte en mitin, en informe de gobierno, en una oportunidad más para salir en la foto a la que se suma todo tipo de sanguijuelas. El proyecto científico, el artista en cuestión… todo se subordina al tedioso protocolo gubernamental que embrutece a más de uno. ¡Cuidadito y no se mencione entre los invitados especiales al diputado que llegó de improviso! Los funcionarios están más preocupados por el lugar que van a ocupar en el presídium —al lado de quién y por qué tan a la orilla— que por apoyar la iniciativa que los ha convocado.

Quienes asistimos a un evento cultural de cualquier índole, ¿qué necesidad tenemos de soportar el discurso vacío y repetitivo del representante del gobernador? Por mencionar cualquier servidor público de medio pelo. ¿Por qué no se hacen a un lado los administradores y permiten que sea la sociedad la que saque el máximo provecho de los eventos que gestiona el Gobierno? A fuerza se quieren colgar la medalla. Que se la cuelguen cuando sean ellos quienes financien la cultura y la educación. Ahora que encontré un descuento para contratar Prime Video, comencé a ver la serie La Casa de los Espíritus, un tanto temeroso de que se arruinara uno de mis libros favoritos de Isabel Allende. Resulta que recordé la tragedia de don Severo, quien, a causa de sus aspiraciones políticas, perdió a su hija “Rosa, la bella”. Spoiler alert: a Rosa la envenenó la política.


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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