¿El amor y la amistad son un mito? Si por mito entendemos una mera ficción, entonces el amor y la amistad no lo son: constituyen experiencias efectivas que producen consecuencias psíquicas, corporales y sociales objetivables.
Sin embargo, si el mito se comprende en su acepción antropológica, es decir, como estructura simbólica que configura el horizonte de sentido de una comunidad, entonces el amor y la amistad poseen una dimensión mítica.
Pero no porque carezcan de realidad, sino porque su significado, sus formas y sus expectativas están históricamente mediadas por narrativas culturales que orientan su comprensión y su práctica.
Si el amor y la amistad fueran un mito, entendido este concepto como ficción, significaría que no existen como “cosas” objetivas en el mundo; pero existen como construcciones simbólicas que organizan nuestra manera de sentir y de actuar en la vida.
El amor, desde una perspectiva biológica, es un vínculo afectivo complejo que favorece la fidelidad, la cooperación estable, la formación de parejas, el cuidado mutuo, el apego, la confianza y probablemente la reproducción.
Desde una perspectiva psicológica, expresa la necesidad de reconocimiento, compañía y pertenencia, es decir, el deseo de ser afirmado por otro como alguien significativo.
Y desde una perspectiva existencial, constituye una respuesta a la soledad radical del individuo: una forma de apertura al otro que permite trascender el aislamiento y dotar de sentido compartido a la propia vida.
La amistad puede ser auténtica e inauténtica. La primera es una forma de vínculo humano que se base en el reconocimiento libre del otro; no nace de la utilidad, tampoco del deber, sino más bien de una afinidad afectiva que, fundada en la confianza, lealtad y mutua comprensión, se sostiene en el tiempo.
La segunda instrumentaliza al otro: se mantiene el vínculo no por quién es la persona, sino por el beneficio. En Aristóteles, la amistad por utilidad y la amistad por placer no son engañosas ni ilegítimas; pero son inestables, existen solo mientras perduran la ventaja o el agrado que las sostienen.