La noticia del imperio se propagó con la diligencia habitual de la propaganda civilizatoria: fue el 2 de febrero de 2026, hace apenas tres días, cuando el presidente de los United States of America (Estados Unidos de América, no esa entelequia geográfica llamada Norteamérica), Donald Trump, anunció, henchido de frenesí, el festejo número 178 de la gloriosa invasión estadunidense a México, operación que permitió a la joven república obtener el 55 por ciento del territorio mexicano a cambio de 15 millones de dólares.
La autoproclamada misión salvífica de los United States llevó a ese país a concebir a Texas como un territorio estratégico para su defensa –y, en su retórica, para la defensa del mundo–. La idea de adquirirlo por la vía de la compra fue planteada desde el 19 de mayo de 1827; posteriormente, en 1829, el gobierno estadunidense, a través de su ministro Joel R. Poinsett, formuló formalmente una oferta de un millón de dólares. El entonces presidente de México, Guadalupe Victoria, rechazó de inmediato dicha propuesta.
En 1835, en un contexto de profunda crisis económica, política y social en México, Estados Unidos insistió nuevamente en la compra de Texas, oferta que fue rechazada. Un año después, en 1836, Texas proclamó su independencia, acto que el Gobierno mexicano no reconoció.
La posterior anexión de Texas por Estados Unidos, en 1845, condujo directamente a la guerra entre ambos países (1846-1848), conflicto que culminó con la imposición del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado el 2 de febrero de 1848. En virtud de dicho tratado, México perdió, además de Texas, los territorios que hoy comprenden los estados de California, Nevada y Utah, la mayor parte de Nuevo México y Arizona, así como porciones de Colorado y Wyoming.
Es así como llegamos al 2026 en el que, con un tono franco y avejentado –a la vez claro, cínico y desgastado– que se aparta de los eufemismos decimonónicos como de los de máxima sofisticación del siglo XX, EU, con Trump a la cabeza, proclama continuar, “por el bien de la humanidad”, su misión providencial y salvífica.