Política

De “soberanías”, armas y lo que no hace México

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Cada vez que la presidenta Claudia Sheinbaum responde a alguna declaración de Donald Trump sobre el tráfico de drogas, los cárteles y el empeño del estadunidense por hacer operaciones “conjuntas”, argumenta la soberanía para decir que no sucederán.

Cada vez que se refiere al tema, dice que sigue insistiendo a Trump para que ayude a que las armas estadunidenses no lleguen a México. Ayer, brevemente, se volvió a referir al asunto contestando una pregunta.

Los estadunidenses aman las armas. Desde siempre. Tener una, dos, veinte armas es, para ellos, un derecho, uno que ellos y la Suprema Corte ha validado y está en la segunda enmienda constitucional, que dice: “siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no será vulnerado el derecho del pueblo a poseer y portar armas”. 

Es en Estados Unidos donde se ha desarrollado una industria enorme, la más grande, y donde más armas se venden y más gente las tiene. No importa la violencia, los asesinatos masivos, todo lo que tal mercado causa; cada vez que algún político quiere poner regulaciones, establecer límites, termina pagándolo con los votantes o alguna tribuna judicial lo frena. 

Trump, por su parte, ha hecho aún más para desregular ese mercado. Desde su campaña prometió que en sus primeros días terminaría con todas las regulaciones —que tampoco eran muchas— del gobierno de Joe Biden para la compra y posesión de armas. En su primer año, ha hecho eso, pero también ha debilitado gravemente a la ATF, la agencia encargada de controlar la compra y venta de armas, y la ha dejado sin liderazgo. Los procesos por asuntos de armas han caído en más de 10 por ciento en las cortes federales, por ejemplo. Un gran porcentaje de los agentes de ATF han sido integrados a los esfuerzos antimigrantes de ICE. 

Para buena parte del mundo, como para mí que viví más de una década allá por mi chamba, resulta incomprensible y absurdo. Ellos argumentarían que es “su soberanía”. Nada harán. 

En su muy buen libro La violencia que vino del norte, Carlos Pérez Ricart, que ha dedicado mucho tiempo a estudiar esto, cuenta esta historia y al final señala varias cosas que México nunca ha hecho, ni parece tiene intenciones de hacer, para, aquí, impedir que esas armas sigan siendo las que se usan para matar a mexicanos todos los días; como cuidar nuestra frontera, por ejemplo.  

Alguien en el gobierno debería leerlo. Porque Trump no les hará ningún favor. De eso pueden estar seguros.


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Carlos Puig
  • Carlos Puig
  • carlos.puig@milenio.com
  • Periodista. Milenio TV, Milenio Diario y digital, de lunes a viernes. Escucho asicomosuena.mx todo el tiempo.
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