Cultura

Pulp en Finsbury Park

Por una serie de circunstancias afortunadas, más una buena dosis de amabilidad por parte de Jeannette Lee, la mánager de la banda, tuve la oportunidad de asistir con pase de invitado al concierto de Pulp en Finsbury Park, en Londres, el sábado pasado. Desde el inusual hecho en un concierto de rock de que el escenario estuviera cubierto con un telón rojo se anticipaba una producción elaborada, que resultaría tener mucho de teatral, como un espectáculo de cabaret montado para presentarse ante 45 mil personas. 

A las 8:40 en punto, como estaba anunciado, comenzó a sonar la base de sintetizador de “I Spy”, mientras en las pantallas se anunciaba que era una noche inolvidable, pues estábamos por ver el concierto 527 de Pulp. Cuando se alzó el telón estaba la banda acompañada por un sexteto de cuerdas, distribuido todos los músicos por un escenario conformado por hileras a distintos niveles, con una escalera en el centro para que el maestro de ceremonias y personaje principal pudiera subir y bajar a su antojo. Al momento de comenzar su parte de la canción, apareció en el fondo Jarvis elevado por una plataforma, con un elegante traje de terciopelo verde, y su tono de voz grave se enmarcaba a la perfección con el efecto orquestal que los violines daban a esa oda al voyeurismo y la venganza de clase que es “I Spy”.

Al terminar, Jarvis saludó al público y pidió un “aplauso mágico”, para mostrar que es la gente quien hace real una actuación, hasta que al compás del triple aplauso Mark Webber hizo sonar los acordes de “Disco 2000”, y tan solo en la segunda canción ya había un primer momento climático, con el parque entero saltando y cantando uno de los himnos que más distinguen la música de Pulp. Y la energía siguió arriba con “Mis-Shapes”, dedicada a la marcha pride de ese día, y “Something Changed” a la memoria del recién fallecido antiguo bajista de la banda, Steve Mackey. Luego con “Pink Glove” aparecieron entre el público más devoto guantes rosas, señal del carácter de comunión cercana entre la banda y la gente, pese a ser un evento masivo.

A diferencia de la última gira, en esta ocasión los visuales desempeñan un papel protagónico, y de hecho los niveles de la estructura del escenario se iluminan igualmente, dando al concierto el carácter de un show total, apuntalado también por el sexteto de violinistas, que, cuando no tocan, aplauden o alumbran a Jarvis con unas como linternas, o en “Sorted for E’s and Whizz” se ponen unos gorritos como de ravers, y tocan pequeños tambores para contribuir al efecto de desmadre de la canción y del evento.

En “This is Hardcore” Jarvis se sienta sobre un sillón individual bajo un enorme candelabro proyectado sobre la pantalla posterior, cual director del cabaret gigante y al aire libre que sirve como plataforma a su música. Después comenta medio en serio, medio en broma, antes de interpretar “Underwear”, que si escribiera hoy esa canción sería cancelado, pero pide al público que por favor guarde el secreto.

Y al final pregunta si acaso se les está olvidando alguna canción, antes de tocar “Common People”, esta vez acompañada por unos maravillosos visuales como de un supermercado, donde los productos son labiales, sprays, cajas de cereal y detergentes marca Pulp. Y el parque entero vuelve a retumbar, como colofón al conciertazo épico, 25 años después de que Pulp tocara ahí.

Con el fervor del público mexicano, no quiero ni imaginar lo que será su presentación en el Corona…


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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