Cultura

La congruencia de la FIFA

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Parte del ciclo recurrente de los mundiales de futbol es que a cada vuelta se recalca el indudable carácter mafioso-corporativo de la FIFA, entidad salpicada por innumerables actos de corrupción, eclipsado a cada vuelta por la creciente popularidad del juego que organiza. De manera literal, cada vez que la pelota se pone a rodar, pasan a segundo plano todos los entramados turbios de la máxima entidad que lo rige.

Aunque en esta ocasión seguramente no será distinto, quizá en vínculo estrecho con el simbolismo de que la principal sede sea la nación más poderosa del mundo —convertida igualmente en una potencia abiertamente mafiosa y con pretensiones imperiales/tiránicas—, la FIFA y su presidente, Gianni Infantino, parecen haber llevado la corrupción treinta pasos más allá de los estándares previos, ya de por sí altos. Y otro rasgo característico muy vinculado con lo anterior es que dos de las principales estrellas del futbol mundial, Lionel Messi y Harry Kane, han participado en fechas recientes en actos de sportswashing con un personaje tan siniestro como Donald Trump. Si una parte del hipócrita mensaje que se busca transmitir en cada mundial es el de la unión de los pueblos alrededor de la pelota, y el ejemplo para los niños y jóvenes de lo que representa este deporte, quizá este sea emblemático como pocos del estado sociopolítico del mundo en el que se desenvuelve.

Lo del presidente estadunidense que le llama al presidente de la FIFA (que previamente le concedió un Premio de la Paz al político más belicista, racista y xenófobo de las últimas décadas) para que le levante la suspensión por tarjeta roja a su delantero estrella, Falorin Balogun, es sólo creíble por constatación. Si tomamos en cuenta la mencionada invocación a los niños y jóvenes y el ejemplo que el futbol teóricamente predica: ¿cuál sería la forma de explicarles que las tarjetas rojas acarrean forzosamente una suspensión, salvo si el presidente de Estados Unidos llama a la FIFA para pedir que en ese caso no se aplique? (Habría sido maravilloso que el entrenador de Estados Unidos practicara un acto de objeción de conciencia y no alineara a Balogun, pero es algo tan impensable que resulta ridículo enunciarlo). Ya lo de los arbitrajes para que avance a como dé lugar la selección argentina se inscriben dentro de prácticas más habituales. Pero en todo caso, ahí seguimos en el ámbito de los supervillanos Infantino-Trump, y de la maquinaria corporativa que lo devora todo a su paso.

Lo cual ya no sucede cuando héroes populares como Messi y Kane le hacen abiertamente la corte al bufón naranja que ocupa la Casa Blanca. (¿Se imagina alguien a Maradona yendo a un evento oficial de Trump a tomarse la foto sonriente con el resto de aduladores que conforman la corte imperial?) Por lo menos Messi se limitó a sonreír en su papel escenográfico pero, a pregunta expresa, Kane se ufanó de haber jugado golf con Trump, alabó su juego, afirmó que ya le gustaría jugar así a su edad, y lo declaró una “gran persona”. ¿Y estos son los héroes a partir de los cuales se debe producir inspiración? (Para ser justos, en el otro extremo se encuentran otras superestrellas como Mbappé y Lamine Yamal. El primero se defendió magistralmente de la diputada de ultraderecha paraguaya que lo acusó de simio y de chupar cocos en vez de leche materna, y el segundo ha sacado banderas

de Palestina y hablado fuertemente sobre el racismo contra los inmigrantes).

Aunque en el fondo quizá este sea desde esta óptica el Mundial más congruente que jamás se haya producido, pues los niveles de cinismo de sus organizadores son un fiel reflejo de los mismos que operan en la arena de la política y economía mundial a gran escala. 


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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