Cultura

Mr. Hyde al abordaje

M+.- Uno de los motivos recurrente más antiguos en las tragedias y la literatura es el del pacto fáustico, mediante el cual el ser humano se entrega voluntariamente a fuerzas motivadas por el deseo de grandeza o la ambición, mismas que en última instancia ya no puede dominar y se vuelven en su contra. Y dentro de esto existen algunas subcategorías en apariencia más inocuas, cuando se desatan fuerzas por objetivos ni siquiera tan grandilocuentes, como la ambición de poder, económica, artística o por simple vanidad. Una de las obras clásicas más célebres y arquetípicas al respecto es El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson, que forma incluso parte del imaginario colectivo para referirse a personas que parecerían tener en sí dos personalidades completamente distintas, escindidas la una de la otra.

Lo interesante de la novela de Stevenson, donde el doctor Henry Jekyll desarrolla una pócima que le permite convertirse en una criatura entregada plenamente a su costado de impulsos malignos (es genial la explicación que ofrece de que su alter ego Edward Hyde, es físicamente más pequeño, subdesarrollado y un tanto deforme debido a que esa parte de su personalidad se halla menos acabada que la que es proclive al bien), es que pese a la escisión en dos seres incluso físicamente distintos, ambos guardan conciencia de las andanzas del otro. (Es el mismo planteamiento de la película Substance, versión contemporánea de Jekyll y Hyde anclada no tanto en la maldad como en el afán de belleza atemporal). Que si lo trasladamos igualmente a la narrativa del mundo contemporáneo, es similar a la exaltación que suele darse a un trastorno como la bipolaridad, del cual el psicoanalista Darian Leader ha escrito que por ejemplo en círculos hollywoodenses, es considerada algo positivo en términos creativos, y reporta casos de mánagers que le piden a los terapeutas que no vayan a extinguir el lado maniaco de sus representados, mismo que se asocia a la genialidad histriónica. En todos estos casos se trata de una escisión no total, pues incluso si la entrega al costado destructivo es absoluta, después viene la bajada y subsecuente cruda moral cuando se regresa al considerado estado base. 

Sin embargo, conforme avanza la novela de Stevenson va cobrando preeminencia la presencia de Edward Hyde, al grado de que su aparición escapa ya a la voluntad de Jekyll para hacerlo aparecer y desaparecer. Pues como sucede en este tipo de historias, que tienen también un fuerte correlato con el drama de las adicciones, al final las fuerzas desatadas cobran tal vida propia que anulan al sujeto que las convocó en un inicio: “Ese hijo del Infierno carecía de cualquier rasgo humano; nada lo habitaba salvo miedo y odio”, tratándose de “un alma en ebullición con rencores sin fundamento”.

Y trayendo metafóricamente esta obra clásica a la época contemporánea, es posible apreciar que a nivel de las narrativas que estructuran a las sociedades occidentales, se ha producido en las últimas décadas una suerte de desencadenamiento o entronización de Mr. Hyde, en el sentido de que los impulsos egoístas (America First!), rapaces, de acumulación ilimitada y demás pilares ideológicos del actual sistema, no solamente han sido cada vez más prevalecientes, sino incluso considerados desde los centros de poder como algo deseable y positivo (“Greed is good”, dijo célebremente Gordon Gekko en Wall Street). Por lo que entre las muchas lecturas posibles de la fábula de Stevenson se puede incluir la del desatamiento de estas fuerzas que dan sustento ideológico a varios de los engendros que actualmente gobiernan por el mundo, y queda buscar la pócima ideada por el Dr. Jekyll para poder devolverlos a su lugar. 


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
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