Cultura

El sabotaje como fuga

Escuchar audio
00:00 / 00:00
audio-waveform
volumen-full volumen-medium volumen-low volumen-mute
Escuchar audio
00:00 / 00:00

En un ensayo titulado “El origen de la palabra sabotaje”, Orwell explica que el término proviene de unos zapatos de madera llamados sabots, utilizados por trabajadores de Francia y de Bélgica. En una ocasión, los arrojaron en protesta a la maquinaria de la fábrica, descomponiéndola, y la acción pasó a ser conocida como “sabotaje”, denominando un acto que busca interferir deliberadamente con la industria. A partir de este ejemplo, Orwell examina el dominio nazi sobre ciertas partes de Europa en donde miles de trabajadores se encuentran sometidos, trabajando para alimentar la maquinaria de guerra alemana, que sin el esfuerzo de los trabajadores estaría perdida. Los propios nazis lo saben, pues ejecutan a los trabajadores que cometan incluso el más pequeño acto de sabotaje. Orwell concluye que con el acto de arrojar los sabots de madera a la maquinaria, los trabajadores demostraron su inmenso poder latente, y el hecho de que en última instancia la sociedad descansa sobre su energía. Por eso mismo, tanto en 1984 como en La granja de los animales, los proles y el caballo Boxer representan esa misma fuerza potencialmente subversiva, que sin embargo nunca materializa su capacidad, pues la ideología del sistema, la lotería, los deportes y el alcohol impiden que cobren conciencia de dicho potencial.

A estas alturas debería quedar claro que el voto como acto político es insuficiente, pues como bien sabe el movimiento Extinction Rebellion, es casi imposible pensar que por la vía de las urnas pudiera llegar al poder una opción política que supusiera un verdadero cambio de

modelo. Quizá la única acción organizada que permita pensar en alternativas diferentes pase por el cierre masivo de instituciones, o por acciones coordinadas que atentaran económicamente contra pilares del sistema (¿qué pasaría si millones de personas se negaran a pagar simultáneamente su recibo telefónico?). El problema es que si solo un pequeño grupo realiza alguno de estos actos, el efecto político es nulo, y las consecuencias individuales sumamente complicadas. 

Aun así, si bien hasta ahora nadie ha conseguido aterrizar una alternativa viable a nivel masivo, el ejemplo de los sabots y los nazis es muy claro, y quizá el mero hecho de rechazar la narrativa dominante, de buscar formas de relacionarse estructuradas bajo otra óptica, de crear pequeñas comunidades u organizaciones que no persigan el lucro, la fama o la rentabilidad, ya sea en sí un pequeño sabot o astilla para abonar a la imaginación colectiva de un sistema diferente, creado a partir de ideas menos sádicas, para salir de la jaula colectiva en la que el fanatismo neoliberal tiene encerrada a la vasta mayoría de la población desde hace algunas décadas. 

Google news logo
Síguenos en
Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.