Cultura

Revivir al padre

Ayer 30 de marzo fue mi cumpleaños 48. Es una edad significativa para mí porque era la edad que tenía mi papá cuando falleció en 2001. Entonces yo tenía 23 años y esa edad me parecía muy lejana, propia de un momento de vida sumamente avanzado, que en un sentido lo es, pero una vez llegado aquí cobro mucha mayor conciencia de lo relativamente joven que era él en ese momento. Así que desde hace por lo menos un par de años he tenido muy presente este cumpleaños en particular, como una suerte de encuentro con una fantasía quizá ya un tanto fantasmática, por los 25 años transcurridos desde entonces. Que en cierto sentido, como explica Roger Caillois en El hombre y lo sagrado en referencia a los momentos en que se festeja o conmemora precisamente lo sagrado, es como si el presente se suspendiera y se volviera durante unos instantes a ese espacio y tiempo que conmemoran los aniversarios, como si la persona ausente volviera a cobrar vida en la memoria, y después volviera nuevamente a morir, con todos los pensamientos y emociones asociadas a la reelaboración en el teatro de la propia mente de una tragedia destinada a continuarse escenificando en ciertas fechas. E igualmente la persona que hoy cumple 48 años se metamorfosea en el chico de 23 que no encontraba la forma de empezar a procesar la noticia, como una especie de doble más joven del yo de la actualidad, que hacia el otro costado se desdobla también en otro doble representado por cumplir la última edad que cumpliera el padre. Si suena confuso, es porque lo es, y creo que por eso aciertan tanto quienes como Caillois intentan expresar mediante el lenguaje aquello que es inexpresable y que se revive y reescenifica a través de los rituales, sean colectivos o privados, pues precisamente colapsan las categorías habituales de espacio, tiempo, memoria, y se puede ser en este caso esas tres personas a la vez: el adulto que cumple 48 años, el chico de 23 años que pierde repentinamente a su padre, y el adulto que al cumplir la simbólica edad de 48 años se sitúa en el lugar de la persona ausente, como si mirara desde la misma perspectiva aquello que el ser querido ya no habría de mirar más.

Así que hablando de rituales, pese a que U2 pasó de ser una de mis bandas favoritas de la juventud, a una banda que en la actualidad prácticamente ya no puedo escuchar, existe una canción llamada “Kite” que precisamente cuando murió mi papá se convirtió para mí en una especie de himno sobre su partida (al parecer Bono la compuso tras la muerte de su padre), misma que cité en una página de homenaje al mío al comienzo de mi tesis de licenciatura sobre George Orwell (que desde entonces se convirtió en una suerte de padre intelectual sustituto, y cuya obra magna, Mil novecientos ochenta y cuatro, recién terminé de traducir y será publicada en breve, supongo que para añadir al círculo de simbolismos referentes a estas fechas). El asunto es que llevaba semanas practicando “Kite” con la guitarra, para ver si me animaba a írsela a cantar a la cripta en donde están depositadas las cenizas de mi papá. Cosa que finalmente hice en compañía de mi esposa, para conmemorar este especial aniversario con una pequeña serenata ritual donde toda la maraña mental asociada a la fecha se cristalizó en el canto de una canción en el sótano de una iglesia, donde se sentía con toda la claridad que pueden sentirse estas cosas como si mi papá cantara conmigo las líneas del coro: Who’s to know when the time has come around? Don’t want to see you cry. I know that this is not goodbye. (Sólo que le fallé con la parte del llanto, pero espero se haya comprendido dadas las circunstancias).


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Eduardo Rabasa
  • Eduardo Rabasa
  • osmodiarlampio@gmail.com
  • Escritor, traductor y editor, es el director fundador de la editorial Sexto Piso, autor de la novela La suma de los ceros. Publica todos los martes su columna Intersticios.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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