Policía

Un cuento de hadas

Prevalecía la intención expresa de despoblar el campo mexicano. Diego Enrique Osorno
Prevalecía la intención expresa de despoblar el campo mexicano. Diego Enrique Osorno

Los Neoliberales/ capítulo IV/segunda temporada


Tras el golpe de la fortuna que había permitido al gobierno de Carlos Salinas de Gortari negociar y firmar el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá, vendría un giro de tuerca en la que hasta ese momento era una narrativa triunfal del régimen: el alzamiento armado en Chiapas la madrugada del 1 de enero de 1994, justo cuando entraba en vigor el acuerdo económico internacional.

Luis Hernández Navarro, uno de los periodistas y analistas que desde entonces miraba con atención la crisis social que prevalecía en el país, contextualiza la insurrección del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), a partir del ciclo de reformas económicas y políticas profundas del salinismo marcadas por la entrada de México al GATT, el precedente de lo que luego sería la Organización Mundial de Comercio (OMC).

“Es un acuerdo que además va acompañado de la firma de distintos compromisos de ajuste y estabilización con organismos unilaterales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y que se traducen en la apertura comercial cada vez más indiscriminada hasta tener un punto central en la entrada en vigor del TLC en el 94”.

Hernández resalta también la privatización de las empresas estatales y la desregulación económica, así como la intención expresa de despoblar el campo mexicano, bajo el argumento de que un país moderno no puede tener 25 por ciento de su población en una zona rural, ya que era más “barato” atender a los pobres urbanos que a los pobres rurales.

“Hay un conjunto de medidas que podríamos enmarcar como parte del proyecto neoliberal de grandes reformas que van socavando y rompiendo el tejido comunitario del país, transformando el mundo de la política, y yo creo que la primera gran reacción a esas reformas neoliberales es el surgimiento de la Corriente Democrática del PRI”.

La apertura económica de aquel entonces ocurrió sin que hubiera a la par una apertura política, subraya el periodista. “Fue una perestroika sin glásnost, por usar los términos de aquella época en la que Salinas de Gortari se vendía como el gran modernizador de México y el gran impulsor de la construcción de un bloque económico con Canadá y Estados Unidos, que iba a competir en contra de los otros bloques económicos, pero este proceso de modernización salvaje y excluyente crea una enorme cantidad de damnificados sociales”.

—¿Qué otro momento de este proceso consideras que socava el tejido social?

—Un punto muy relevante es que en 1992 entran en vigor las reformas al artículo 27 constitucional que meten al mercado las tierras del sector social, de campesinos ejidatarios y de indígenas, acabando con el carácter inembargable, imprescriptible e inalienable del ejido. Estas reformas, esto es muy interesante, fueron finalmente avaladas por la mayoría de los dirigentes campesinos que fueron cooptados para su aprobación, pero fueron desaprobadas en los hechos por el mundo rural, como hemos podido ver desde entonces.

—¿Qué hubo en lugar de glásnost

—En lugar de abrir espacios de negociación y de trato político con la verdadera oposición, en aquel entonces representada sobre todo por el Partido de la Revolución Democrática, la política de Carlos Salinas consistió en “Ni los veo ni los oigo”, una política que produjo literalmente centenares de militantes perredistas asesinados, sobre todo en estados como Guerrero, es decir, Salinas de Gortari apostó a su exclusión en lugar de buscarlos, incorporarlos realmente, de tal manera que cuando el 1 de enero de 1994 México debía de despertar con un cuento de hadas como parte del primer mundo, resulta que despierta con una enorme pesadilla, siendo parte aún de América Central.

—¿Podrías explicar la historia del EZLN?

—El EZLN se funda en Chiapas en el año de 1983, el 17 de noviembre, después de un largo trabajo de implantación de un núcleo externo, en donde ese núcleo de guerrilleros externos, al que se suman dirigentes indígenas locales, muchos de ellos catequistas, va cambiando la forma de ver el mundo y la concepción de la lucha de esas gentes que llegan de afuera y se va extendiendo por todo el estado de Chiapas, a Simojovel, Los Altos, La Selva, hasta que la gente decide que hay que irse por la vía armada.

En aquel entonces, estoy hablando de 1992 y 1993, en las comunidades se habla de que hay que caminar con tres patas: una pata es la palabra de Dios, otra pata es la organización campesina tradicional para gestionar los recursos y la tercera pata es la pata armada, en la lógica de la autodefensa. El EZLN se forma en un primer momento como una fuerza de autodefensa para enfrentar a los grupos armados de los caciques y de los finqueros, pero después va a dar lugar a una fuerza armada, estructurada básicamente como un ejército.

—¿Qué tipo de ejército?

—Un ejército que acaba siendo controlado por las propias comunidades y esta es una de las paradojas más interesantes: el levantamiento tiene mucho de levantamiento popular, no solo de una operación militar en sentido estricto, ya que se toman por lo menos cinco municipios, y hubo combates durante los primeros 12 días, algunos muy trágicos como el del mercado de Ocosingo, una ciudad clave en la entrada de la selva lacandona que es el gran territorio de retaguardia del zapatismo y una de sus principales fuentes de organización. 

Todo esto pasa y después de 12 días en los que hay una gran conmoción nacional se declara una tregua que es aceptada también por los zapatistas, una tregua que es inexplicable sin la salida a las calles prácticamente de todo el país, de cientos de miles de personas que exigen una salida negociada del conflicto en lugar de una salida militar.

—¿Cómo crees que se vive esta crisis al interior del gobierno?

—Sabemos que dentro del gobierno federal hay una división, ya que unos en un primer momento insisten en que hay que dar una respuesta con todo el poder del estado, o sea, una respuesta violenta, y hay también gente con mas idea de lo que está sucediendo y de lo que implica esa rebelión, que plantea que hay que buscar una vía negociada. Destacadamente, quien encabeza esta segunda opción es Manuel Camacho Solís.

—¿Cómo es recibido el

zapatismo?

—El zapatismo logra acreditarse rápidamente como una fuerza legítima contra la intención gubernamental de presentarlo como un levantamiento producto de los intereses de los dinosaurios políticos, que buscaban por esta vía descarrilar la modernización salinista, o como un levantamiento en el que los indios fueron manipulados por los cashlanes, muchos de ellos extranjeros, se decía en aquel entonces.

A pesar de esta campaña de estigmatización tan intensa que se dio en los primeros años y que se sigue dando ahora, lo que en aquel momento el zapatismo construyó fue una enorme legitimidad y el comenzar a establecer puentes con lo que se bautizó en aquel entonces como sociedad civil.

—¿El gobierno sabía del

levantamiento?

—Claro, había evidencias de que el levantamiento se iba a producir. En mayo de 1993, el Ejército se había topado con el campamento de Las Calabazas y se habían detenido a dirigentes campesinos de la región acusándolos de ser parte de un grupo guerrillero, pero todas esas señales de que estaba ahí ese grupo armado fueron silenciadas para no echar a perder el cuento de hadas con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio. 

FIN DE LA SEGUNDA TEMPORADA

Diego Enrique Osorno

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