SERIE PERIODÍSTICA “YO QUERÍA SER CHÁVEZ” / ÚLTIMO ROUND
¿Cómo es esa nebulosa en la que entran algunos campeones mundiales como tú y Julio César Chávez después de conseguir la gloria?
—Imagínate, después de la gloria tú quieres estar en la cima de todo. Te sientes como Dios, sientes que en tu vida no va a suceder nada malo, que nada te puede pasar, que todo el mundo te va a proteger, te sientes grande, te sientes invencible.
La charla con Óscar de la Hoya en su casa en lo alto de las montañas de Las Vegas está en la recta final. “Cuando pierdes te sientes como basura, sientes que nadie te quiere. Aunque todo el mundo no esté en contra de ti, sientes como si todo el mundo se te estuviera cayendo encima. Eso es mental. Así se siente uno.
“Te sientes como un perdedor, sientes que no perteneces, que eres lo más bajo de la humanidad. Se siente feo ganar y perder, te confundes”.
—Háblame un poco más de esas emociones.
—Quieres ser invencible, quieres deshacerte del mundo. Así es la mentalidad de una persona que tiene todo y no sabe cómo manejarlo porque la vida se te viene encima muy rápido. Ganas, luego pierdes. Las emociones son confusas. ¿Qué quieres hacer? Nada. Ya no quiero estar aquí, no quiero vivir esto, no estoy feliz ni estoy triste, estoy…
—¿Depresión?
—Sí, es difícil hablar de eso. Bueno, ya no es difícil para mí porque ahora he hecho mucho trabajo para estar bien, pero me duele. Me duele mucho vivir eso, recordar esos tiempos. Pensar que Chávez pasó por esos demonios duele mucho también.
Le comenté a De la Hoya que había algo extraordinario en el hecho de que ambos hubieran conseguido recuperarse. Después de tantas subidas y bajadas, acá seguían ambos dando la batalla.
“Las bajadas son de lo peor. No te puedes salir de ese hoyo. Parece imposible, y por eso, cuando pienso en Chávez lo admiro más. Lo admiro más por cómo salió de ese hoyo, cómo nació de nuevo. Lo ves hoy en día y lo ves feliz, lo ves tranquilo. Aunque tenga todavía sus cosas y problemas, que se llaman la vida, lo miras diferente, está tranquilo, en paz”.
—¿Qué hacen cuando se ven?
—Le doy un abrazo fuerte. Siempre le digo qué tan orgulloso estoy de él. Le doy gracias por la oportunidad y todo eso. No fue fácil hacer una carrera como la hizo él. Nadie se puede imaginar qué tan difícil fue. Hasta ese día, para Chávez, para mí, es tan difícil manejar ese pasado, manejar esos pensamientos.
—¿Qué es más difícil: ser campeón del mundo o recuperarse de esto que estamos hablando?
—Creo que lo más difícil, lo más admirable, es recuperarse. Ver a alguien levantarse de la lona. Porque a Chávez lo tumbaron una vez. Frankie Randall lo tumbó y se levantó. En la vida real lo han tumbado diez veces, pero ¿sabes qué? Se levantó once. Y eso es lo que admiro mucho de Chávez. Eso es lo que uno tiene que admirar de Chávez.
—¿Tú cómo le hiciste para levantarte, para recuperarte?
—Viviendo los peores momentos de mi vida. Así es como me levanté, así es como decidí levantarme y quedarme arriba, de pie. Por eso admiro tanto a Chávez, porque no es fácil. Tú ves a tantos artistas, deportistas, que ya no están con nosotros porque no es fácil, es difícil.
—La fama, el ego…
—La fama, el dinero, la fiesta. Uno lo ve y dice: “Qué divertido, míralo, está feliz de la vida, con las drogas y las mujeres”. Pero es el verdadero infierno, nosotros estamos viviendo un infierno y la gente de afuera ve que estamos en el cielo. Así es.
Tras un breve silencio para tomar agua y respirar, el boxeador siguió aludiendo a Julio directamente. “No solamente le pasó una vez, le pasó dos, tres veces. Fueron muchos años para que una persona se levante tantas veces y quiera seguir levantada, parada, orgullosa, feliz, eso es lo más difícil que uno puede hacer en la vida, y él lo logró”.
La relación entre De la Hoya y Chávez parte de dos peleas que ganó De la Hoya, una rivalidad que con el tiempo se transformó en una relación familiar. “Yo entiendo a Chávez y por eso lo quiero, lo quiero como un hermano”.
De la Hoya se hizo cercano a doña Isabel González, mamá de Julio, la razón por la cual Chávez comenzó a boxear. Su inspiración y motor en la vida hasta el día de hoy. “La mamá de Chávez es mi mamá también”.
***
Cuando comencé la entrevista con De la Hoya, le pedí que recordara la primera vez que había visto pelear a Julio y me platicó de aquel bar del este de Los Ángeles al que su padre lo llevó cuando tenía seis o siete años, donde todos los adultos bebían, gritaban y hasta rezaban para que Julio ganara. En ese momento descubrió la devoción que un boxeador podía despertar en la gente. “Yo quería que la gente se sintiera así conmigo”, me dijo. Y muchos años después logró eso, una medalla olímpica, campeonatos mundiales, dinero, fama y peleó contra el hombre que había querido ser de niño.
—¿Cómo pasará Julio César Chávez a la historia?—pregunto a De la Hoya para cerrar la entrevista y pensando en incluir su respuesta en un posible final de la serie documental Chávez vs Chávez que estoy filmando.
—Para el mundo entero, híjole… Para el mundo entero él siempre va a ser lo máximo. En el boxeo del mundo entero, no sólo de México. Y en lo personal, para mí Chávez es mi amigo, mi compadre.
El niño que quería ser Chávez terminó siendo su hermano.
(FIN)