Me llamo Antonio Santana Maestro y estoy aquí, porque uno siempre está en algún sitio, eso dice mi madre, María Magdalena, uno no puede estar en ninguna parte, dice, aunque a veces pienso que tal vez sí se puede estar en ninguna parte, que ninguna parte también es un lugar, solo que no tiene camino ni letrero ni nombre y nadie sabe llegar hasta él, y pienso en Ayotzinapa y pienso en mi nombre escrito en una lista y pienso que antes mi nombre era solamente mi nombre, Antonio Santana Maestro, así me llamo, Antonio, aunque en la escuela me dicen El Copi, pero mi nombre no era un nombre que tuviera que estar impreso en una manta ni ser gritado cada día 26 en una plaza, era un nombre para voltear cuando decían Antonio, por eso cuando dicen Antonio Santana Maestro, yo volteo y digo aquí estoy, pero han pasado tantos años y siguen diciendo mi nombre y cada vez que lo dicen vuelvo a voltear, aquí estoy, aunque tampoco sé si se puede volver sin haberse ido, porque yo no me fui, aquí sigo caminando, y mientras camino pienso en San Isidro y en el futbol, porque ahora me gusta caminar, pero de niño corría mucho detrás del balón y dicen que era bueno, quién sabe, porque a veces los amigos o la gente de la lucha o la solidaria que hace memoria empieza a decir por puro cariño cosas más buenas de lo que uno era, pero no, la verdad es que sí era bueno de niño para el fut, ahora quién sabe qué tanto, hace mucho que no juego, pero antes sí me gustaba levantar la cabeza cuando tenía el balón, mirar adelante, buscar el espacio, tocar la pelota y seguir corriendo, porque el balón casi nunca está quieto y uno tampoco debería, hay que dar el pase y seguir, eso es lo que hay que hacer, por eso yo seguí, de San Isidro a Ayotzinapa no estaba tan lejos, así es que yo tenía ahí mi oportunidad de tener una carrera, como se le dice al estudio, una oportunidad, y la puerta de Ayotzi estaba abierta, así que entré y le di, y leí a Marx, yo leía despacio y luego volvía a leer, porque algunas cosas hay que leerlas dos o más veces para entenderlas y otras hay que vivirlas para entenderlas aún mejor, de eso yo ya sabía algo, y por eso quería entender, aunque yo hablaba poco, era un tanto callado, o sereno mejor dicho, pero también me gusta la oratoria, encontrar la forma correcta de decir las palabras, aunque muchas veces no la hallaba, solo dejaba que aparecieran, y aparecían, así que las dejaba caminar, como ahora mismo sigo caminando hasta que alguien encuentre el camino hasta este lugar que no tiene camino, o que alguien diga algo que todavía no se ha dicho, porque alguien sabe dónde termina este camino, y por eso sigo caminándolo, paso frente a la canchita de San Isidro y hay unos muchachos jugando y quisiera pedirles el balón, armar la reta, dar un buen pase a gol, quisiera eso, pero hay que seguir caminando, paso por Tixtla, por mi Ayotzinapa, luego por calles de muchos lados que no conozco, pero llevan mi cara en una foto o en un grabado, y es raro toparte de repente con tu cara de cuando tenías 20, pero luego escucho que alguien dice Antonio Santana Maestro y vuelvo a voltear, y sigo caminando, porque mientras alguien lo siga diciendo, aquí voy a estar, aquí sigo.