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La primera caída

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SERIE PERIODÍSTICA “YO QUERÍA SER CHÁVEZ” / ROUND III

Julio César Chávez en el cuadrilátero. Especial
Julio César Chávez en el cuadrilátero. Especial

La noche del 29 de enero de 1994, Óscar de la Hoya estaba de nueva cuenta en su barrio de Los Ángeles frente a la tele viendo pelear a Julio César Chávez en Las Vegas. El boxeador mexicoamericano dice que notó algo extraño en su ídolo. “Vi a Chávez y dije: ‘algo tiene, está muy distraído, está viendo al público, no está bien concentrado. Quizá está demasiado confiado’”.

Esa noche, de aquel infausto año mexicano, en cambio, el retador Randall salió decidido a enfrentarse al campeón mexicano, sin correr y aguantando golpes que, dice De la Hoya, debían derribar a cualquier otro boxeador. “Yo no lo podía creer. Veía a mis tíos, a mis primos, no solo decepcionados, estaban tristes. ¿Qué está pasando? Chávez es nuestro campeón, nuestro héroe. ¿Cómo es que está perdiendo?”.

Para el undécimo round ocurrió lo inimaginable. Randall soltó un derechazo y Chávez cayó. Nunca, en ninguna de sus peleas amateurs ni en las noventa profesionales que llevaba, Julio había estado en la lona.

“Podías escuchar el silencio de toda la vecindad. De repente estaban gritando tristes de la vida. Desde ese momento pensé ‘pobre Chávez’, no porque estaba perdiendo, sino por lo que estaba viviendo afuera del cuadrilátero, por toda esa presión que tenía encima”.

Randall ganó esa noche la pelea por decisión dividida y Chávez perdió por primera vez en su vida.

***

Una derrota como esta sucede ante miles de personas, me explica De la Hoya, pero la sensación que prevalece es la de la una soledad inmensa. “Sé lo que se siente estar en el cuadrilátero, ganando, peleando, con la gente contigo. Luego te tumban y te sientes solo, porque en ese momento estás completamente solo”.

Julio regresó a Culiacán y, pese a que había perdido, mucha gente lo estaba esperando como siempre para consolarlo. Meses después tuvo la revancha con Randall y recuperó su cinturón de campeón mundial. De la Hoya, mientras tanto, ya no era el niño que quería ser Chávez ni el sparring ganoso que Julio había tumbado de un tris.

De la Hoya tenía una medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992 y era un boxeador profesional que despuntaba e iba consiguiendo campeonatos mundiales. “Después de esa pelea con Randall estaba triste de verdad de la vida, pero también estaba pensando: ‘espérate, quizás hay una oportunidad, una oportunidad de pelear con Chávez’”.

No mucho tiempo después, el legendario promotor de Top Rank, Bob Arum, le propuso participar en una misma cartelera de Chávez en Las Vegas. “Dije: ‘ah, jijo, sí, que emoción’. Se me está acercando mi sueño. Estaba pensando entonces en ese entrenamiento que hice con Chávez, en las peleas de él que veía de morrillo, todo se me estaba haciendo real”.

Ambos ganaron aquella noche sus respectivos combates y al final, en la conferencia de prensa, Arum le pidió a De la Hoya que se careara con Chávez, como si se fueran a pelear. “Yo dije: ‘¿cómo va a ser?’. No, imagínate”, pero se acercó y ambos quedaron frente a frente ante un montón de fotógrafos. “Jamás imaginé que iba a pelear con él, jamás, porque este ídolo de México, este campeonazo, era lo máximo, ¿cómo va a querer pelear con un jovencito?”.

Al día siguiente de la conferencia, Arum llamó por teléfono a De la Hoya. “¿Quieres pelear con Chávez?, me preguntó”.

***

De la Hoya nació en Los Ángeles, como parte de una familia mexicana, aunque representó a Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al recibir la medalla de oro, una tía que estaba presente le dio una bandera mexicana y le dijo: “Súbela, mijito, porque tienes sangre mexicana”.

De la Hoya levantó las dos banderas y el gesto lo volvió una figura binacional de los tiempos de integración económica de México y Estados Unidos. El presidente Carlos Salinas de Gortari lo invitó a la Residencia Oficial de Los Pinos.

“Todos los mexicanos me decían: ‘Campeón, gracias por representar la bandera mexicana’. Aquí en Estados Unidos era el héroe de todo el mundo: latinos, mexicanos, gringos, americanos, de todo. Estaba viviendo la vida de un rockstar. Todo el mundo me quería, no había ningún alma en ese tiempo que estuviera en contra de mí”.

—¿Y qué pasó cuando se anunció tu pelea contra Julio?

—Se me vino encima todo un país. Todos los tíos y tías que tenía estaban en contra de mí porque iba a pelear con el gran campeón mexicano. Comencé a recibir insultos en mi campamento. ‘Vas a perder, gringo’, me decían. ‘Chávez te va a ganar’.

De la Hoya repasa anécdotas de quienes le mentaban la madre mientras corría o que llegaban hasta los lugares donde entrenaba para mostrarle esa misma repulsión. “También me dejaban notas: ‘Si le ganas a nuestro Chávez, te vamos a matar’. Así, de plano”. Ahí fue cuando sentí, viví, que Chávez está en otra dimensión, en otro mundo, él siempre va a ser el campeón de México”.

***

Ante la situación, De la Hoya tuvo que irse a entrenar de forma semiclandestina. Se fue a Big Bear, en las montañas de California, con un entrenador veterano llamado Jesús “Cholain” Rivero, quien, según el mexicoamericano, era uno de los mejores couchs que había dado México.

Cholain empezó a estudiar con dedicación los movimientos de Chávez, desde sus pies, la distancia y la forma de plantar el cuerpo antes de golpear. “Cuando Chávez te quería noquear tenía una movida en su pie izquierdo y plantaba sus pies primero de tal forma para tirarte luego ese gancho famoso”.

Cholain le enseñó a De la Hoya esos movimientos “y cositas así que te dan la ventaja para ganar una pelea. Don Cholain Rivero me enseñó cómo boxearle a Chávez, cómo boxearle y pelearle al mismo tiempo. Me fui emocionando un poco y pensaba: ¿Y qué tal si le gano?, ¿Qué tal si le gano  a Chávez?, ¿me va a doler o voy a estar feliz?”.

El 7 de junio de 1996 en Las Vegas, a sus 23 años de edad, De la Hoya se subió al ring con esa pregunta. 

CONTINUARÁ…


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Diego Enrique Osorno
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