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Una liguilla sin favorito

Este fin de semana comienza la fiesta grande del futbol mexicano, y lo hace sin un claro favorito al título. Es más, desde los cruces de los cuartos de final hay, en cada serie, una interrogante sobre el pronóstico.

Quizá el compromiso entre Cruz Azul y Atlas resulte el único que tiene un favorito cantado por peso histórico y profundidad de plantel; empero, el conjunto rojinegro juega al 1-0 y, en el Jalisco, es un hueso duro de roer. Además, La Máquina no cerró bien el campeonato. Más allá de la exhibición del domingo pasado en el segundo tiempo ante Necaxa, en el marco del debut de Joel Huiqui en el timón celeste, los nueve partidos sin ganar que arrastró el conjunto cementero y que desencadenaron la salida de Larcamón no parecen un buen augurio.

En las series que suelen cruzar las eliminatorias más disparejas (1 contra 8 y 2 contra 7) se presenta esta vez un fenómeno interesante: los equipos con mayor experiencia en esta instancia son los cuadros que llegaron sembrados por abajo. América y Tigres no tuvieron un buen semestre, pero se metieron y ahora enfrentarán a los dos mejores equipos del certamen: Pumas y Guadalajara.

Las Chivas Rayadas llegan con cinco ausencias por la concentración de la Selección Mexicana, mientras que Pumas afronta la liguilla sin su goleador emergente, Guillermo Martínez. Pase lo que pase en la fase final, el torneo de universitarios y tapatíos fue sobresaliente. La labor de Milito con el Rebaño Sagrado y de Efraín Juárez con los unamitas es la base de proyectos sólidos, con identidad y margen de crecimiento.

La liguilla, sin embargo, suele desentenderse de la lógica construida durante 17 jornadas. Es un torneo aparte, de inercias cortas y estados emocionales determinantes. En ese contexto, la jerarquía individual, la capacidad de manejo de partido y la lectura desde el banquillo terminan inclinando balanzas que en el papel parecen parejas.

No sería extraño ver a un equipo que llegó en la parte baja de la tabla tomar impulso y meterse hasta las últimas instancias. Tampoco sorprendería que alguno de los líderes, que dominaron la fase regular con autoridad, termine pagando caro un mal partido o una desconcentración puntual. La historia reciente del futbol mexicano está llena de ejemplos que respaldan esta hipótesis.

Emepero, lo verdaderamente atractivo de esta liguilla radica en su incertidumbre. No hay un equipo que imponga condiciones desde antes de rodar el balón, ni una narrativa dominante que marque el rumbo del campeonato. Todo está abierto. Y en esa apertura, en esa ausencia de certezas, se encuentra el encanto, y la crudeza, de la fase final.


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David Badillo
  • David Badillo
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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