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La muerte, ¿dónde está la muerte?

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  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

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Uno de los temas más serios, pero a la vez singulares como lo tratamos en México es el tema de la muerte. 

Podríamos ignorarlo pues como diría Epicuro: 

“El peor de los males, la muerte, no significa nada para nosotros porque mientras vivimos, no existe, y cuando está presente, nosotros no existimos. 

Así pues, la muerte no es real ni para los vivos ni para los muertos”.

Si el tema fuera tan sencillo como señala Epicuro en su carta a Meneceo, nadie estuviera preocupado por pensar que nuestra vida tiene un carácter finito y limitado. 

Pensarnos como objetos o cosas sería muy fácil. La complejidad es que nos pensamos como seres con alma y espíritu que habitamos un cuerpo.

En estos días, en México vemos el tema de la muerte con cierta algarabía y gracia. Hasta le ponemos azúcar al asunto. 

Comemos pan de muerto, hacemos calaveritas, levantamos ofrendas a nuestros difuntos y hasta festivales monumentales se llevan a cabo. 

Nuestra herencia indígena y cristiana encuentra un mestizaje único en el mundo. 

El simbolismo de la muerte llena las calles y las redes.

En cambio, hablar de la muerte en primera persona y en singular nos incomoda. 

Quién pagará mi entierro y/o quién vaciaría mis bolsillos?, nos recuerda Serrat en la canción: “Si la muerte pisa mi huerto”. 

Nos divierte una calavera, pero nos incomoda imaginar nuestro nombre sobre una lápida. ¿Cuál sería su epitafio estimado lector?

Desde los tiempos de Sócrates, la filosofía insiste en aquello que procuramos esquivar: ¿qué es la muerte? ¿Se acaba todo cuando dejamos de respirar? ¿Dónde está quien hasta hace un momento conversaba con nosotros?

José Ángel García Cuadrado, en su Antropología filosófica, nos ayuda a entrar en el problema. 

Biológicamente, morir significa que el organismo pierde definitivamente su capacidad de vivir. Pero cualquiera que haya despedido a un ser querido sabe que esa explicación se queda corta…

La muerte como se nos presente siempre será dolorosa y desgarradora cuando es de forma violenta o accidental. Y el cuerpo queda expuesto a la corrupción, a la tierra o al fuego. 

Cuesta admitir que la fragilidad de la vida, donde todos estamos expuestos nos traslada a otra reflexión: ¿Se puede preparar la muerte?

Hoy día de los Fieles Difuntos se guarda esa profundidad. Recordamos a nuestros seres queridos, agradecemos su vida y oramos por ellos. La memoria nos recuerda las ausencias y a quienes extrañamos de forma entrañable.

Y ahora que la Inteligencia artificial (IA), está en todo, algunos le trasladan las imágenes, voces y recuerdos para que “reviva” momentos donde los fallecidos, no siguen tan fallecidos. De ahí, una pregunta: ¿Y su descanso eterno?

Hay otros temas más delicados. Algunas aspiraciones transhumanistas imaginan vencer nuestros límites y a la muerte. 

La criónica (congelar cadáveres), conserva a los cuerpos fallecidos a temperaturas extremadamente bajas con la expectativa de reanimarlos algún día.

La imagen inquieta: cuerpos preservados mientras afuera pasan los años. ¿Espera científica, negocio de la esperanza o nuestra antiquísima resistencia a desaparecer? 

La tentación de jugar a ser Dios se asoma cuando la expectativa se vende como certeza y suponemos que la muerte terminará obedeciendo a quienes piensan que solo somos materia. ¿Revivir como Lázaro?

San Pablo a los Corintios lanza su desafío: «¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?» 

Lo hace desde la fe en Cristo resucitado, consciente de aquello que la muerte nos arrebata. Todos moriremos. 

Hasta quienes evitan estas conversaciones para no pensar en ello. Mientras eso acontece, nos queda lo más importante de la vida: amar, servir y practicar el bien.

Un día alguien colocará nuestra fotografía junto a una veladora. No sabemos quién estará ahí ni qué dirá de nosotros. 

Pero todavía podemos decidir algo de como nos recordarán: como vivimos, cómo amamos, a quién servimos, qué bien hicimos. 

La esperanza cristiana no borra el dolor de la despedida, invita a vivir sin concederle a la muerte la última palabra…

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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