Política

La catrina

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Es una cosa muy bonita educativa, didáctica y siempre monotemática que el sector opositor haya sacado a sus mejores guerreros para dar batallas inciertas y destinadas a la derrota frente a la hermosa y alucinante catrina que nos mira desde el Zócalo. Después de los elogios desatados de todos aquellos que la han visto, los derechairos se convirtieron en el insidioso López San Balín.

Mientras prianistas como la Dresser y Derechairistegui alegaban que con la muerte de Cárdenas se acababa la izquierda (no se rían), en las redes se armaban videos donde la catrina derrotaba a Godzilla, a Donald Trump y a Xóchitl Gálvez dejándolos pa’l perro. Y se soltaron comentarios del tipo de que una catrina gigante en realidad manda un mensaje de apoyo a la santa muerte, o de una exaltación de los feminicidios, o una provocación contra el eterno. ¡Ya no se metan eso!

Entre los ChikiliQuadris y los Ferriz no hay diferencia.

La misma clase de personas que cree que los genocidios de 80 mil personas no son genocidios, pero que se indignan ante la aparición de una catrina como si no viniera de una tradición profunda de la mano de José Guadalupe Posada, para establecer diálogos entre los mexicanos y todos sus muertos.

Es curioso que a la derechairiza no le indigne los genocidios de Satanyahu y que hagan drama por las ofrendas y la figura de este personaje cadavérico que nos lleva de paseo entre la memoria y el olvido, entre los que se nos adelantaron y los que nos quedamos, entre los que colgaron los tenis y quienes los traemos puestos.

(Háganse un favor los Krauzes y los shabots del mundo, vayan a ver el documental Nazca para que vean de qué lado masca la iguana del genocidio satanyuhista y el grado espeluznante de deshumanización de quienes lo han operado).

Son igual de ridis que Kinky Téllez cuando se peleó con una playera de una calavera que decía “Un verdadero hombre no habla mal de López Obrador”. Se nos puso pior que Carrie.

La ultraderecha mediática está defendiendo al Tatanka Lorencito El Rabioso Córdova, como si él no hubiera moldeado toda la estructura del coyotaje que convirtió a Lupita Taddei en Chayo Robles. Ella tuvo su Pepito Alfredo Hernández en homenaje a Charly Ahumada, dicen.

Es la misma banda que en sus noticieros no dicen nada del apañón a la Gómezpunk, quizá porque es una facturera ligada a su recuerdo.

Una señora que “me conformo con tampoco”, como la Taddei, y que cree que merecía más y más abundancia.

El INE no se muere con la Taddei, la catrina va a arrasar con las ratas.



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Jairo Calixto Albarrán
  • Jairo Calixto Albarrán
  • jairo.calixto@milenio.com
  • Periodista producto de un extraño experimento cultural-social-educativo marxista, rockero, populachero, libresco y televisionudo / Escribe de lunes a viernes su columna "Política cero"
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