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La cobertura que mató al desfile

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Una cosa fue el Gran Desfile del Día de Muertos 2026 y otra, muy distinta, las coberturas. Hay que decirlo.

Durante mucho tiempo, la transmisión de este evento fundamental para la imagen de la Ciudad de México y del país entero estuvo prácticamente sólo en manos de los medios públicos. Se entendía. Era su nicho. Era su trinchera.

En este 2026 ocurrió algo que marcó la diferencia: los medios privados, que ya habían estado presentes, entraron a lo bestia. ¡Y entonces lo comprendimos todo!

¿Qué? La muy triste mediocridad de los medios públicos de este país. Lo digo con dolor, pero lo digo.

¡Se me cae la cara de vergüenza! Si no tienen recursos para producir, no produzcan. Si no saben hacer las cosas, no las hagan. En serio.

El contraste entre la unión de Canal Once, Canal Catorce, Capital 21 y el Veintidós sólo sirvió para confirmar, una vez más, que esta gente ni siquiera se organiza. Y así no se puede comunicar.

Cada una de las personas que salieron a cuadro traía un discurso diferente, un ritmo, un tono, un maquillaje. Se quitaban la palabra. Competían entre sí. Cero dirección. A ojo de buen cubero, no se juntaron antes ni por Zoom.

Pero espérese, se pone peor: como gran parte de los mensajes de estas señoras y estos señores eran propaganda pura, cuando uno las escuchaba, cuando uno los escuchaba, acababa odiando al gobierno de la Ciudad de México y a sus funcionarios.

¿Así o más grave? Sí, más grave: ¿Me creería si le dijera que algunas de las conductoras y que algunos de los conductores de estos medios que antes se caracterizaban por su alto grado de exigencia editorial dijeron estupidez y media?

No puede ser que hayan engañado al pueblo afirmando que la batucada es caribeña o que, cuando se les acababan las palabras, gritaran “¡Uta!” al aire.

Perdón, pero en mis tiempos eso era multa y castigo. Usted no puede tomar las cámaras y micrófonos del Estado para gritar “¡Uta!”. Nadie paga impuestos para oír “¡Uta!”.

Y luego, en ese lamentable afán por vender las Utopías cuando no deben y como no se debe, se pusieron a presumir el precio del jitomate.

¡Las Utopías quedaron mal paradas! ¡Con tantas cosas que pudieron haber dicho de ellas!

¿Para quién estaban transmitiendo esos “profesionales” de la comunicación? ¿Qué clase de capacitación recibieron? ¿Los capacitaron?

No, y si nos vamos a la parte de la producción, lloramos. Se notó la ausencia de todos los puestos clave en esta industria: producción ejecutiva, dirección de cámaras, coordinación general, coordinación de contenidos y hasta dirección de maquillaje y vestuario.

Ver aquello fue penosísimo. Un viaje a la decadencia.

Como no tienen recursos, sólo transmitieron con un puñado de cámaras mal calibradas desde las mismas dos glorietas de siempre cuando el desfile era larguísimo, histórico, monumental. ¡Ocho kilómetros!

Y como sus niveles técnicos son de miseria, fue muy obvio que los audífonos no funcionaban y que la gente de las consolas hacía lo que podía.

Hubo segmentos que no se entendieron porque el camarógrafo estaba “dormido” apuntando, por ejemplo, a una mujer policía que, para acabarla de amolar, estaba haciendo todo menos su trabajo.

¡Mal! ¡Todo mal!

Si usted veía el Gran Desfile del Día de Muertos 2026 por los medios públicos, no había manera de que no dijera: ¡Pobre Ciudad de México! ¡Debe ser el lugar más patético del mundo!

Y eso que veníamos de la experiencia del Mundial de Futbol. Y eso que ya se les había criticado en momentos tan lamentables como la ceremonia del Grito de Independencia.

En cambio, si usted vio el desfile por Televisa, por N+ o por VIX, seguramente sintió, igual que yo, que estaba viendo una de las mejores fiestas de los cinco continentes. ¡Belleza total!

Acá el mensaje era: ¡Viva la Ciudad de México! ¡Qué lugar tan bonito! ¡Qué tradiciones! ¡Quiero vivir ahí!

Y mire que a los medios privados se les fueron algunos detallitos, pero cualquier cosa ahí fue nada ante el tamaño de catástrofe de Canal Once, Canal Catorce, Capital 21 y el Veintidós.

Sacar la chamba no es hacerlo bien. ¡Entiéndanlo!

Televisa llevó estrellas a conducir. Estrellas del periodismo. Estrellas del entretenimiento. ¿Quiénes son las estrellas de los medios públicos en la actualidad?

Las colocó a lo largo de todo el evento. ¡Todo! No sólo en dos glorietas. En espacios de primera. Módulos bien construidos. Bien pintados. Bonitos. Cinematográficos. Perfectos para encuadrar.

¿Ahora entiende cuando le digo que en este 2026 se sintió que los medios privados entraron a lo bestia?

Todos los puestos clave que no se sintieron en los públicos, aquí se sintieron y se sintieron potenciados: varios productores, cada uno con una especialidad, todos coordinados, respetando un estilo. Disciplinados. Profesionales.

Las conductoras y los conductores siempre tuvieron algo bueno que decir sin traicionar su personalidad, sin aniquilar su espontaneidad, sin egos. Y no se disfrazaron de “ositos panda”. Se vistieron para la ocasión. ¡Gracias!

Ahora que tenemos varias transmisiones de este evento, que los medios privados le están echando más ganas y que podemos comparar, tenemos un problema:

La Cuarta Transformación no necesita cercos informativos ni del odio de algunos medios privados para morir. Morirá solita por la miseria y la incompetencia de sus propios medios. El enemigo está en casa.

De nada sirve que las autoridades hagan algo tan bueno, tan hermoso y tan social como lo del sábado 31 de octubre en las calles de la Ciudad de México si Canal Once, Canal Catorce, Capital 21 y el Veintidós se encargan de arruinarlo.

Si no pueden y no saben, entréguenle la señal a los que sí, déjense de pelear y asóciense como en otras partes del mundo. ¿O usted qué opina?

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Álvaro Cueva
  • Álvaro Cueva
  • alvaromilenio5@gmail.com
  • Es el crítico de televisión más respetado de México. Habita en el multiverso de la comunicación donde escribe, conduce, entrevista, da clases y conferencias desde 1987. publica de lunes a viernes su columna El pozo de los deseos reprimidos.
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