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El chupón digital

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  • Cuauhtémoc Carmona Álvarez

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La historia del chupón seguramente está relacionada con una de las primeras necesidades del ser humano: comer. 

El recién nacido encuentra en el pecho materno no solamente alimento, sino también contacto, protección y seguridad. 

Con el tiempo, el ingenio humano encontró la manera de simular esa experiencia biológica mediante un pequeño objeto que entretiene, tranquiliza y distrae al infante: 

El chupón.

Hoy pareciera que muchos de nuestros niños siguen estando en edad de lactancia, (pero no por carecer de dientes para comer), sino porque hemos comenzado a sustituir parte de su alimentación intelectual, afectiva y moral por dispositivos electrónicos (tabletas), cual chupones digitales para entretenerlos. 

 El chupón de nuestros tiempos tiene pantalla, conexión a internet y acceso a un universo ilimitado de información.

Pero el problema no es la tecnología, sino el lugar que le estamos concediendo a esta en nuestra formación. 

Cuando una pantalla sustituye la conversación, el juego, la convivencia familiar y la atención de los padres, estamos frente a un fenómeno que trasciende el entretenimiento.

Algunos psicólogos hablan ya de patologías conductuales por el uso indiscriminado de nuestros dispositivos móviles sin importar edades. Algunos hablan de “adicciones y complejos”. Pero esas, esas son otras historias

Estoy convencido de que el hogar, es el epicentro de la formación del individuo. Allí comienza nuestra manera de comprender el mundo, de relacionarnos con los demás y de distinguir entre lo bueno y lo malo. Antes de llegar a la escuela, los niños ya han recibido sus primeras lecciones de vida mediante el ejemplo, los hábitos y las conductas de quienes los rodean.

Los padres son los primeros responsables de esa formación. Educar no consiste solamente en procurar alimento, vestido y oportunidades. También significa enseñar límites, cultivar virtudes, corregir conductas y acompañar el desarrollo de la conciencia.

En un interesante ensayo sobre inteligencia artificial, Miguel Ángel Cárdenas Rivera, compañero de estudios de postgrado, plantea el problema de la ética y la moral en el intelecto infantil. 

Preocupación que merece atención: el riesgo de que las nuevas generaciones sustituyan progresivamente la experiencia directa del mundo por representaciones digitales elaboradas mediante inteligencia artificial es una probabilidad amenazante.

Su reflexión me resultó particularmente desafiante porque nos recuerda que conocer no es lo mismo que recibir información. 

Los niños necesitan descubrir, imaginar, equivocarse, experimentar frustraciones y aprender que la realidad no siempre responde a sus deseos. 

Una pantalla puede mostrarles prácticamente cualquier cosa, pero no puede reemplazar todas las experiencias mediante las cuales aprendemos a vivir.

Hay que decirlo bien claro: Los valores no se descargan de internet, se aprenden y se practican desde casa. 

La honestidad, el respeto, la responsabilidad y la solidaridad necesitan ejemplos cotidianos. 

Difícilmente podemos exigir a nuestra niñez conductas plausibles cuando en una casa se miente, se riñe o el centro de convivencia es el desamor y el conflicto. La disfuncionalidad familiar en esto pesa, y mucho.

Es pertinente reconocer la labor de la Agencia de Transformación Digital y Telecomunicaciones de la Presidencia de la República encabezada por José Merino, así como el trabajo del Senado de la República.

La participación del Estado resulta necesaria para establecer medidas de protección, especialmente cuando intervienen plataformas cuyos contenidos y mecanismos de funcionamiento pueden afectar a menores de edad. 

Sociedad y gobierno debemos ir de la mano para impulsar acciones que regulen y controlen el acceso de nuestra niñez a las plataformas digitales.

El chupón tradicional entretenía momentáneamente al niño, pero nadie habría considerado razonable que sustituyera permanentemente el alimento, la atención y el cuidado de sus padres. 

Con el chupón digital deberíamos mantener esa misma claridad.

Porque si durante la infancia una pantalla puede sustituir peligrosamente la convivencia y la formación, durante la edad adulta el chupón se puede volver una prótesis digital, alimentada por la infodemia y sometida a los mecanismos de la infocracia (Byung-Chul Han), donde nos colocamos frente a una amenaza todavía más inquietante: que otros terminen disponiendo de nuestra libertad mientras nosotros seguimos creyendo que somos libres cuando estamos siendo esclavizados.


@cuauhtecarmona

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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