Este 8 de marzo no hay nada que celebrar. Mientras escaparates se llenan de flores y slogans coloridos, en el estado y país el género sigue enfrentando una realidad de violencia, discriminación y desigualdad que convierte el Día Internacional de la Mujer en un recordatorio doloroso más que en una celebración.
Cada feminicidio, cada caso de violencia familiar, cada denuncia ignorada o minimizada, evidencia que el país todavía no garantiza la seguridad ni la igualdad para la mitad de su población. La conmemoración no puede ser solo simbólica; debe ser un acto de memoria, visibilización y exigencia de justicia.
Las cifras recientes muestran un panorama alarmante. Mujeres asesinadas por razones de género, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad, víctimas de acoso laboral y desigualdad: todas ellas representan un déficit de derechos que el Estado no ha logrado cubrir.
Y, sin embargo, cada 8 de marzo se repite el mismo ritual: discursos breves, marchas, fotos, mientras la violencia sigue avanzando, muchas veces sin consecuencias legales para los agresores. Esta desconexión entre la simbología del día y la realidad cotidiana subraya la urgencia de políticas públicas efectivas y de un compromiso real de la sociedad para garantizar la vida y dignidad de las mujeres.
Además, el Día Internacional de la Mujer es un recordatorio de las luchas históricas que hicieron posible lo que hoy tenemos: derechos laborales, acceso a educación y reconocimiento jurídico. Pero esos logros siguen incompletos. La igualdad formal no se traduce en igualdad real cuando mujeres continúan enfrentando brechas salariales, barreras en el acceso a la justicia y violencia sistemática en todos los ámbitos. Por eso, lejos de festejar, debemos interrogar y exigir.
Conmemorar el 8 de marzo debería ser un llamado a la acción y la reflexión. Un día para visibilizar las historias de resistencia, para exigir cambios en leyes y políticas, y para recordar que la lucha feminista sigue siendo urgente. No hay nada que celebrar mientras existan mujeres silenciadas, acosadas, golpeadas o asesinadas. La memoria histórica y la urgencia de justicia son la única manera de honrar verdaderamente este día.