Es alarmante revisar notas informativas que dan a conocer la violencia que se vive actualmente en el espacio escolar de todos los niveles, con agresiones físicas, verbales y emocionales hacia cualquier miembro de la comunidad educativa.
Ya nos parece cotidiano que las madres de familia traten los conflictos mediante insultos o golpes frente a los estudiantes; el acoso verbal o digital, la completa ausencia de respeto y el ataque hacia los docentes que en las últimas semanas ha provocado que varios hayan perdido la vida a manos de sus alumnos.
Ante este panorama, es importante reflexionar en qué estamos fallando como sociedad y porqué han aumentado los niveles de violencia, pues aunque se promueven los entornos seguros e inclusivos la realidad rebasa las buenas intenciones y en cambio las acciones son tardías, débiles, faltas de congruencia y minimizan la problemática que se vive en las escuelas.
Es imprescindible contar con instrumentos de detección, protocolos de actuación, personal especializado y capacitado en el manejo de crisis, y no me refiero sólo al profesorado sino a todos los que integran el ecosistema escolar, ya que esto ayudará a identificar conductas de riesgo que incluyen, entre otros temas, el acoso, el consumo de sustancias así como la salud mental de niñas, niños y adolescentes.
Estos comportamientos suelen ser el reflejo de contextos familiares, sociales y económicos complejos, por ello, su identificación oportuna y atención integral requieren de la corresponsabilidad de padres, autoridades educativas y gobierno. Es fundamental la vigilancia permanente sobre posibles cambios de conducta como aislamiento, agresividad, bajo rendimiento académico o alteraciones emocionales.
Sin embargo, para que esta detección sea efectiva, es indispensable que el personal educativo cuente con capacitación en habilidades socioemocionales, protocolos claros de actuación y canales de comunicación efectivos con las familias y las instituciones de apoyo.
Asimismo, las acciones también deben incluir a los familiares, que muchas veces se deslindan de su responsabilidad y se les olvida que la educación es una tarea compartida: la escuela enseña, pero la familia educa y tiene un papel fundamental en la prevención y atención de las conductas de riesgo.
Claudia.rivera@iberotorreon.mx