Como todo bien público, lo valoramos solo cuando hace falta. Ni en Jalisco ni en México tenemos una “cultura del agua”, de la cual un pilar fundamental es entender su economía política: cuánto cuesta realmente y cómo llega a nuestra llave.
Más allá de las inoperancias del SIAPA y de la inadecuada gobernanza del vital liquido por parte de los gobiernos estatal y federal -documentado ya extensivamente por otros colaboradores de este diario-, el del agua es un asunto geopolítico y de seguridad nacional, que lamentablemente no está en la agenda permanente de discusión pública. Se debate cuando llegan los tandeos.
El agua cubre 70 por ciento de la superficie de la Tierra
No obstante que el agua cubre 70% de la superficie de la Tierra, el agua dulce sólo representa 3%. El Global Risk Report 2021 señala que la escasez del agua y otros recursos naturales será una de las mayores amenazas globales en los próximos 5 años. Por su parte, la ONU advierte que una de cada tres personas en el planeta vive en lugares donde el acceso al agua es escaso (cuenten ya al Área Metropolitana de Guadalajara en esa lista).
Quizás por lo anterior, desde diciembre de 2020 el agua cotiza en el mercado de futuros de Wall Street, al igual que el oro y el petróleo. El tema del agua, como el de las vacunas anti-COVID19, concita a nacionalismos y al acaparamiento de las potencias.
En México tenemos un problema pedagógico: no sabemos cuánto cuestan las cosas y aún creemos en el mito del “lonche gratis”. Según la OCDE, México tiene una de las tarifas más bajas de agua en el mundo, 0.49 dólares por metro cúbico. No sorprende, por tanto, que también tengamos uno de los consumos más altos: 360 litros por persona al día. En Francia, por ejemplo, se consumen 170 litros. El consumo óptimo necesario, según la Organización Mundial de la Salud, son 100 litros diarios por persona.
Además, como ya sabemos, la gestión del agua es desastrosa: 23% del agua dulce en México está contaminada, 40% se desperdicia por fugas en redes de suministro.
Desarrollar “cultura del agua” no solo implica campañas de concientización, sino mayor inversión e innovación pública. Empero, inevitablemente, valoraremos el agua cuando su precio refleje mejor su costo. _
Iván Moreno