El racismo y el clasismo en nuestro país son una dramática realidad que nos negamos a reconocer. En México somos muy dados a solidarizarnos con movimientos internacionales, tales como el Black Lives Matter, pero a la vez a tener ayudantía de casa en condiciones deplorables y ni siquiera llamarles por su nombre (ej. “la “muchacha”). Aplaudimos viendo a actores negros recibiendo premios Oscar, pero ridiculizamos y le hacemos memes a una talentosa mexicana de origen indígena, Yalitza Aparicio, al ser reconocida en Hollywood.
A diferencia de Estados Unidos, acá el racismo y el clasismo no son problemas en la agenda gubernamental, son “non-issues”. Asuntos invisibles, sin políticas públicas para contrarrestarlos.
Veamos algunas cifras. Según el estudio Color de piel del Colegio de México, la tonalidad de la piel es un factor asociado a mayores ingresos, niveles de escolaridad y movilidad social. Así, en el quintil de mayor ingreso 62% de las personas son de tez blanca, mientras que solo 17% sonde piel oscura. Las personas de piel clara que están situadas en el estrato de mayor pobreza tienen 50% de probabilidades de salir de ella, mientras que esta probabilidad es de 30% para los no blancos.
En el ámbito educativo también se cuecen habas. Según la Encuesta Nacional Sobre Discriminación, 30.4% de los blancos llega a la educación superior; en contraste con 16% de las personas morenas o negras.
En el renglón del abuso policial también pagan la cuenta los más vulnerables. En su reporte Falsas sospechas, detenciones arbitrarias en México 2019, Amnistía Internacional señala que este fenómeno afecta principalmente a grupos vulnerables y discriminados como indígenas, migrantes o quienes viven en situación de pobreza. ¿Qué tienen en común? Su piel morena. Precisamente, 48% de las recomendaciones emitidas por la CNDH en 2019 fueron por detenciones arbitrarias, retención ilegal y tortura hacia estas poblaciones vulnerables.
La indignación por el lamentable asesinato de Giovanni López debe ser un punto de quiebre no solo alrededor de la brutalidad policiaca, sino para subir a la agenda pública nuestro racismo y clasismo estructurales.