Cultura

Emociones a las brasas

El mundo se podría dividir en dos bandos. Quienes aman la cocina y quienes la padecen. Tomando como punto de partida que prácticamente a todos les gusta la comida y que no sólo comen para sobrevivir, la idea se antoja sabrosa (la metáfora se puso de a pechito).

Pero una cosa es relamerse los bigotes ante la suculencia y otra tener en cuenta lo que hay más allá de los fogones, sus personajes, narrativas y dinámicas sociales. En el imaginario de la industria restaurantera hay un estereotipo forjado al fuego (otra figura gratuita) en el cual los cocineros se otorgan licencia para conducirse como patanes neuróticos o exacerbados yonquis.

Gordon Ramsey puso su granito (de sal), en Hells’s kitchen; Bradley Cooper, en Burnt, hizo lo propio, y series como The Bear ayudan a cuajar el mito del conflictivo entorno. Eso por no mencionar el personaje en que se convirtió Anthony Bourdain a partir de su libro Confesiones de un chef.

La idea viene a cuento luego de la dimisión del cocinero René Redzepi del Noma, restaurante que por años fuera considerado el mejor del mundo. Su renuncia no se debe a la disminución en la calidad del servicio, sino a la presión social derivada del mal trato que ofrecía a su personal, consecuencia de problemas emocionales que, se comenta, ha decidido resolver.

Más allá de lo dramatizable (y rentable) que pudiera resultar el ejemplo, los tratos a los que se alude en el caso de Redzepi denotan, además del nivel estresante del entorno, la incapacidad para gestionar los conflictos, especialmente los internos.

Desde luego, en ningún momento ni campo laboral se tendría que normalizarse el maltrato. Y aunque no se asume que en los chiringuitos de alta gama por defecto se estile el bullying, el ejemplo es una llamada de atención para quienes, en ese y en cualquier otro ámbito, han ido perdiendo la capacidad de reconocer la ayuda requerida en su trato con los demás.

El caso llega a grado tal que hay quien propone que al generar reseñas de restaurantes se pudiera considerar el clima laboral, además de servicio, producto, local y relación costo-beneficio. Ignoro si sea de interés para el cliente alimentarse en ecosistemas emocionalmente sanos, pero al menos la llamada vale para aplacar los demonios que anden por ahí sueltos.

De ser así, desafortunadamente el mundillo mediático tendría que rehacer su lógica argumentativa pues la toxicidad de los personajes sería cosa del pasado y el troleo referencial característico algo tan rancio que a nadie le parezca apetitoso.


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Carlos Gutiérrez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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