Las luces navideñas aún titilan en los hogares, el olor a recalentado retumba entre la cocina y el comienzo de un nuevo ciclo toma rumbo. A estas alturas los infantes ya disfrutan del mucho o poco obsequio que los Santos Reyes, con mucho esfuerzo, llevaron a casa. Sin embargo, los tiempos actuales no difieren de aquellos que la Biblia relata en los días anteriores y posteriores al nacimiento de Jesús. El miedo con el que un hombre, de nombre José, y una mujer, llamada María, contenían en su interior al ser perseguidos por las fuerzas romanas puede estar cerca del que se vive hoy en día. El terror tomó las calles de Jerusalén y la gente huyó, mientras que algunos tuvieron que ver, con horror, lo que hoy conocemos como “el día de los santos inocentes”.
En años pasados hablamos de la famosa “rosca de reyes”, el último escalón antes de llegar a la forzosa dieta o los check up, estudios clínicos integrales que nos dirán qué tanto abusamos de las fiestas. Pero, volviendo al tema, la rosca, este pan decorado con ate, higo, azúcar, nuez, etcétera, conglomera un gran número de elementos culturales, historias y re-invenciones. Tiempo atrás dijimos que esta representaba una corona, el objetivo de cortar rebanadas era buscar en su interior al niño Jesús, sin dejar en claro si nosotros representamos a los soldados romanos. La tradición comenzó dentro del Imperio Romano, en un inició, mucho antes de la instauración del cristianismo. En las fiestas dedicadas a Saturno, previas al solsticio de invierno, se elaboraba un pan, en su interior se colocaba un haba seca y aquel que la encontrara en su rebanada era nombrado “Rey de reyes”, augurándole dicha para todo el año.
Con la instauración del cristianismo en el territorio romano, por orden de Constantino, esta tradición fue integrada a la Epifanía. Años de continua tradición fueron dándole forma, pasando de una semilla a una figura hecha de cerámica, la cual debía ser decorada y presentada el dos de febrero, posteriormente se pasó a la figura de plástico, de menor costo y para una sociedad cambiante, donde ya no era “afortunado” aquel que encontraba el “muñeco” en su turno, sino todo lo contrario.
Comenzamos el año con la fe de la supervivencia y, a unas horas de la llegada de los Reyes Magos, el regocijo lo dieron los niños, quienes entre risas y alegrías ignoran los motivos y las penurias que sus padres tuvieron que atravesar para que esos momentos se hicieran realidad, al igual que aquel carpintero junto con su esposa sufrieron hace poco más de dos mil años.