“Hoy en día comemos alimentos del futuro” o al menos esos dirían nuestros bisabuelos o tatarabuelos. En la época de los charros, las Adelitas y el ferrocarril era imposible pensar en alimentos congelados o empacados al vacío, ni se diga de tortillas en bolsitas o chiles enlatados, el concepto de comida se basaba en moler, picar, asar, cocer y dorar al momento, sin mencionar que la época no daba para más, por todos los problemas de escasez que derivaron de la Revolución Mexicana. Con el paso de las décadas la llegada de productos procesados fue inminente, el pan en bolsa daría pauta para toda una oleada de comida “espacial”, cambiar el molcajete por licuadora de broche, el metate por una fila en la tortillería era el paso hacia un futuro prometedor. La Revolución Industrial dejaba su huella, hacia una brecha onda que poco a poco fue representando más que un avance, se convirtió hasta nuestros días, en un problema de identidad nacional.
Después nos asombrarían con los deshidratados, el precursor sería, ni más ni menos, que el caldo de pollo, a pesar de que su invento data del siglo XVIII, en Francia, y su producción en masa, por la marca alemana Maggi, fue a partir de 1908, cuando esa fastidiosa mezcolanza que quedaba al cocer cualquier parte del pollo se prensó en forma de cubo, se envolvió en papel encerado y se vendió en las tienditas de la esquina. El futuro llegó y ahora solo agregábamos un cubo de este magnífico invento y, como por arte de magia, los platillos ahora sabían a caldo de pollo, para ese entonces la olla express dio su paso a la fama, a pesar de ser inventada en 1679, por Denis Papin, y tras una presentación fallida en1681, no sería sino hasta 1919 que se otorgaría la primera patente a José Alix Martínez, un español de Zaragoza. Para 1938 el alemán Alfred Vischeler presentó su versión llamada “Flex-Seal Speed Cocker”, en Nueva York, pero no tuvo tanta fama entre las amas de casa como la “Presto” la cual saldría un año más tarde. Finalmente, uno de los avances más importantes se enfoca en la panificación, la cual desde el inicio de las civilizaciones permaneció sin cambios. Los molinos de viento se modernizan a principios del siglo XIX, cuando se emplean máquinas de vapor para la molienda; es a partir de 1925 cuando los hornos cambian el uso de combustible por la aplicación de aire caliente.
En la actualidad podemos encontrar sopas deshidratadas, la galletería o papas fritas ahora son empaquetadas en bolsas metalizadas, y que decir de la leche, la cual es embazada en un sistema de varias capas entre las que destacan cuatro capas de polietileno, una de aluminio y una de cartón. Es inimaginable saber qué tipo de alimentos podremos degustar el día de mañana, que soluciones nos darán para poder saciar el hambre, aunque en ocasiones un plato de comida casera no se compara con un trozo de “carne” remojada.
Benjamín Ramírez