Cultura

Algarabía y sazón

Ondeantes en todo lo alto, las banderas y banderines decoran el cielo habitado por un sol, en ocasiones tenue, y algunas nubes taciturnas; en las plazas principales se observan decoraciones luminosas y papeles brillantes, estructuras metálicas hacen la función de asientos, vallas metálicas delimitan el lugar, el escenario esta puesto para recibir al festejado, que no es un personaje ni un objeto, tampoco es un evento ni una costumbre, es una identidad que está compuesta por el colorido tanto de nuestro comportamiento como de nuestra comida. De estos elementos identitarios colocaremos, sobre la mesa, un menú de tres tiempos.

De entrada, antojitos mexicanos; el concepto de antojitos mexicanos puede dar rienda a la imaginación, sin embargo, este término a logrado encasillar a pambazos, enchiladas, chilaquiles, flautas, tostadas y los sopes, todas ellas, exceptuando a los primeros, teniendo al maíz como ingrediente inamovible. La característica principal, en cuanto a su elaboración, es que son fritas, una técnica poco usada previo a la llegada de los españoles, y que tuvo aceptación en tiempos novohispanos, donde la lechuga, la cebolla y el chile compartieron escena junto con la crema y el queso.

Como plato fuerte, chiles en nogada, receta que, a primera vista, refleja un espíritu patriótico por los colores que ahí se tienen, verde, blanco y rojo. Este platillo rescata tanto técnicas como sabores de distintas regiones; el relleno, la técnica de la carne picada y preparada de manera agridulce es una herencia árabe, los cuales son responsables de platillos como las albóndigas, la carne tártara y, en menor medida, la carne en hamburguesa; el chile relleno, la afición por rellenar alimentos viene de los griegos y romanos, los cuales realizaban banquetes donde el platillo principal era un alimento de talla grande repleto, por tamaño, de otros de menor dimensión; la nogada, cobertura de nuez, crema y azúcar que rememora las salsas francesas del siglo XVI, y que aportara un toque de elegancia, según la época; y la granada, símbolo de la abundancia, tradicional en las culturas mediterráneas.

Y de postre, buñuelos en almíbar; una preparación difundida a través de los conventos, las monjas eran dichas para la cocina, aunque no según la orden y sus hábitos, no se les tenía permitido caer en la gula, por lo que sus preparaciones eran exclusivamente la para la venta al público, a manera de manutención. El trigo llegó como parte de los alimentos propicios para la misa y la vida clerical, con ella preparaban el pan de cada día y la representación del cuerpo de Cristo, la ostia. Pero también se elaboraban masas de trigo que, acto seguido, eran fritas, para ser acompañadas con una infusión de canela y melaza, comúnmente llamada piloncillo, todas de tradición árabe, pero ampliamente aceptadas. Buen provecho.

otanconmx@yahoo.com.mx

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Benjamín Ramírez
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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