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Domingo , 17.02.2019 / 10:22 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Responsabilidad en secuencia

Augusto Chacón

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Entre Kabul y esta parte del mundo, en sentido oriente-poniente, es sabido que Caín mató a Abel; hijos de Eva y Adán, la relación de los hermanos y la manera cainita de dirimir la desigualdad marcaron a la humanidad contenida en la mentada cultura occidental. De su leyenda surgieron la envidia y su peor secuela, el homicidio, y en ella se reafirma la tara que sus padres estrenaron: mentir para salir del paso, Dios preguntó a Caín por Abel y aquél respondió que él no era cuidandero, acababa de asesinarlo. Si atendemos otros detalles de la narración que ha sobrevivido milenios, notaremos que asimismo resalta que el poderoso, Dios, tiene preferencias y preferidos, y que por ser quien es no tiene empacho en exhibirlo: Caín le ofrendó frutos de su cosecha y Abel le entregó las primeras y mejores crías de su rebaño, el Altísimo, gustoso, se inclinó por la carne que Abel le obsequió, este gesto, en apariencia anodino, desembocó en la muerte de su consentido. Los redactores de la Biblia no dan cuenta de que Caín se haya arrepentido, aunque se quejó, con muestras de pesar, por la magnitud del castigo que el Eterno le impuso.

¿En cuál momento, desde quién inicia la violencia? Podríamos rastrear el germen a partir de la célula originaria que brotó en el planeta y luego seguir la pista a través del devenir de esas construcciones incesantes llamadas sociedades, labor improbable; por eso es un alivio la noción mítica que la Biblia entraña (igual que las narraciones fundamentales de toda religión) que existe un punto en el que las cosas fueron por primera vez, la vida, los objetos -terrenos y cósmicos- el espíritu a nuestra imagen y semejanza y las pasiones.

Si fuera posible regresar para intervenir en el caso de Caín, Abel y Dios, con las fórmulas éticas que hoy tenemos, justo cuando el Inmarcesible termina de preguntar a Caín: ¿Dónde está tu hermano Abel? Para recetar la cita: “En una sociedad democrática no sólo es legítimo, sino que en ocasiones constituye un deber, que las autoridades estatales se pronuncien sobre cuestiones de interés público. Sin embargo, deberían hacerlo con una diligencia aún mayor a la debida por los particulares, en razón de su alta investidura, del amplio alcance y eventuales efectos que sus expresiones pueden llegar a tener en determinados sectores de la población, así como para evitar que los ciudadanos y otras personas interesadas reciban una versión manipulada de determinados hechos.”1 Dios miraría con curiosidad a sus simpáticas criaturas del futuro y luego, con desdén divino, cuestionaría: ¿y quién les dijo, sucesores de este pecador que estoy por condenar, que ésta y la de ustedes son sociedades democráticas?

Es desmesurado interpelar a Dios, y más indirectamente señalarlo causante de la muerte de su preferido Abel, como diciéndole: no preguntes por él, fue tu actitud la que desató la envidia y el rencor violento de Caín. Cuestionarlo no habría cambiado el desenlace porque, de Kabul para acá, en sentido oriente-poniente, cualquiera entiende que Dios es Dios y para él la democracia y la justicia humanas son peculiaridades que sus criaturas-juguete instituyeron para sentirse confiadas e importantes; sin embargo, cuántos de esos juguete-criatura, en cierta posición de poder, toman nomás de la historia de Caín y Abel el paradigma de la actitud divina: escarmentar desde la omnipotencia sin reparar en el rol que ellos mismos desempeñan, digamos expresarse desaprensivamente y estimular a los que con la violencia subsanan sus limitaciones. Qué sucede cuando quien detenta un poder significativo insinúa públicamente, y airado, que personas específicas mienten empujadas por fuerzas oscuras, innombrables, para dañarlo a él, el impecable, y a sus obras; la pregunta sigue vigente: ¿en cuál momento, desde quién inicia la violencia?



1 Libertad de expresión: a 30 años de la Opinión Consultiva sobre la colegiación obligatoria de periodistas, Comisión Interamericana de Derechos Humanos, 2017, p.152.



agustino20@gmail.com






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