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Miércoles , 20.02.2019 / 17:59 Hoy

Columna de Augusto Chacón

Los gobernantes y sus refritos

Augusto Chacón

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El futuro fue ayer, o uno de los días pasados. Lo dejamos ir, otra vez, entretenidos en argumentos burocráticos de los que jamás tenemos suficientes, o si lo quieren más técnico: por imperativos de nuestra peculiar administración pública, ésa que renovamos cada seis años; aunque en otras ocasiones ha sido por indolencia o por atenernos a que el gobierno, el que sea, concretaría el porvenir que tiene por hábito prometer. Somos incapaces de distinguir los gérmenes de futuro porque nos lastra nuestro presente preferido: el incesante y ajeno al pasado, engañoso con su transcurrir que empieza y termina en él mismo; presente encandilador que se vale de la esperanza preñada con las bondades venideras, las que al cabo se materializan a medias o simplemente no aparecen, ensoñaciones efímeras hijas de la pesadilla que pergeñan el hartazgo y la crisis sin fin.

Perdimos el hábito del mañana que se edifica con el aprendizaje de ayer, con la práctica de hoy y con los anhelos de todas y todos puestos en común; se nos atrofió la capacidad para reconocer que el futuro es siempre inminencia, y suponemos que un día, al despertar, estará ahí: entero, prístino, lleno, nomás porque sí, de lo que durante tanto tiempo hemos ambicionado.

País del mejor postor, lo entregamos por partes a quienes cada seis años bosquejan un indefinido mañana con más… de lo que sea y como sea, pero más; no preguntamos cómo o con qué lo realizarán, no obstante, les entregamos las llaves del tesoro, el mando de la fuerza, el poder para decidir sobre quien hacer cumplir las leyes y sobre cual no; lo que necesiten a cambio de los milagros que obrarán en el futuro, discurso que es la variación retórica de: denme chance y ya verán, es cosa de que me tengan paciencia y entonces sí la felicidad, la justicia y la bonanza.

Curiosamente, o quizá no, cada nuevo postor da pronto señales de flaqueza, o se revela simple merolico, y apelamos al pasado que en el trance de ser adultos olvidamos, o preferimos relegar, y rescatamos certezas antiguas, como las que inoculaba el rock and roll y que suponíamos indelebles; de la letra de una canción de los Creedence, en traducción libre y puesta en prosa: “La primera cosa que recuerdo fue preguntarle a mi papá por qué; había muchas cosas que no sabía. Papá siempre sonreía y me tomaba de la mano mientras aseguraba: algún día entenderás. Bueno, estoy aquí para decirles a todos y a cada hijo de madre que mejor lo aprendan rápido, que mejor lo aprendan jóvenes porque algún día nunca llega”.

La riqueza que íbamos a administrar, según ofrecieron hace cuatro décadas. ¿En dónde quedó? El umbral al primer mundo que estábamos por cruzar a comienzos de los noventa del siglo anterior, ¿quién lo alejó tantísimo? Y las sucesivas ideas de país a las que accederíamos; uno sin el PRI y las malas mañas de tantos de sus personajes, otro sin drogas ni crimen, uno más atravesado por reformas estructurales de gran calado que nos harían, por ejemplo, mejor educados o que desconcentrarían la opulencia, ¿qué pasó? Y a la escala local podríamos preguntar por las ciudades seguras, por el bienestar, por las banquetas liberadas, por el transporte público digno, por la seguridad, por el tratamiento de aguas… Algún día, sólo que, someday never comes.

El futuro es a posteriori cuando lo postulamos, subjetivo; pero a priori, objetivo, en lo que cada día hacemos. Cuánto de lo cotidiano es portador de futuro, algo que andando el tiempo esté a nuestro alcance y agradezcamos que permaneció; una muestra de Guadalajara, la Vía Recreactiva, a nadie se le ocurriría, ojalá no, refundarla o transformarla. El meollo ahora es, en Jalisco, en México, de lo que hemos hecho en sociedad, hoy, ¿qué entraña un futuro comunitariamente deseable? ¿Cómo y quién decide aquello que es necesario desenraizar? Pero, sobre todo, a cambio de qué; las mudas abruptas y autoritarias han sido a cambio de nada o, en todo caso, en vez del porvenir ofrecido que nunca llega.

agustino20@gmail.com



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