Con el nombre de “El Taller del asombro”, se presenta en Casa Iteso Clavijero, una selección de esculturas en barro realizadas por el taller de la familia Medrano residentes en santa Cruz de las Huertas pueblo sufragáneo de Tonalá.
Los habitantes de Santa Cruz son jugueteros desde tiempos remotos, un informe de 1868 publicado en el periódico El País señala que sus moradores subsisten “fabricando barro en retratos, pues se puede asegurar que en la república, no hay otro pueblo igual que le exceda en la fábrica de muñecos en distintos tamaños, al extremo de figurar miniaturas con el barro”. Veinte años después el cura Jaime de Anesagasti dejó asentado en el libro de gobierno de la parroquia de Tonalá que don Cruz Medrano “hizo, también de barro, una multitud de figuras que representaban asuntos bíblicos, desde la caída del primer hombre hasta el nacimiento del redentor”. Durante la primera mitad del siglo XX fue Celsa Medrano la encargada de seguir con la tradición del “pueblo juguetero” de Santa Cruz; Isabel Marín en su libro sobre la Alfarería de Tonalá cuenta que Celsa es la creadora de juguetes engretados de insuperable calidad; al igual que en Ocumicho fue en los años sesentas cuando los juguetes dieron un giro fantástico; este cambio se atribuye a Candelario Medrano, quién narraba como después de una borrachera que había durado una semana, se despertó con la idea de hacer lo que había soñado, es entonces que surgen las arcas de Noé, kioskos, las catedrales y los carros con personajes festivos como charros, mariachis y nahuales.
Candelario Medrano es el creador, en verso de Juan José Arreola de “La bestia de la leyenda hermosa”, de sus manos salieron moldes y temas que crearon un mundo habitado por tastoanes que viajan en barcos, gatos con alas, lechuzas inquisidoras y nahuales viriles; estas creaturas de barro se mantienen hasta la actual tercera generación. Con un modelado esquemático y realista su cromatismo es limitado a los colores primarios y nacionales; su virtud está en la representación festiva y artistica de imágenes oníricas.
Un buen complemento a esta exposición es “Tonalá y Tlaquepaque una visión del Bajío”, que ya vino curada de la Ciudad de México, lo que nos explicaría el nombre de “Visión del bajío”, adjudicada a nuestros principales centros productores de cerámica, una muestra más de la centralista visión capitalina de que “fuera de México todo es … el bajío”, para el capitalino letrado o analfabeta , mas allá de la capital no hay regiones ni identidades regionales, al margen de esta errata etnocentrista es una selecta colección de objetos que reúnen ampliamente las cualidades de artísticos y estéticos para ser considerados obras de Arte, la excepción serían las de cerámica contemporánea, pobre en temas y acabados. La cerámica de Tonalá es por su diversidad y belleza artística, sin duda una de las mejores que se producen en el continente americano. La técnica suprema es el barro bruñido, por su popularidad le sigue el barro canelo y el barro bandera, en Guadalajara, todavía durante el verano buscamos un botellón tonalteca para refrescar el agua; de excepcional belleza y manufactura es el petatillo considerado una proeza técnica; singular por su temática es la figuración de arcilla policromada sea esta escultura realista de tipos populares y nacimientos de Tlaquepaque o el reseñado “barro betus”.
La exposición cuenta con explicaciones claras de los estilos que caracterizan a la cerámica de Tonalá y Tlaquepaque. Expresión de un linaje que ha evolucionado sin dejar de tener a la tradición como sustento.