Ricardo Flores Magón era escritor y filósofo oaxaqueño, anarquista, con un rostro duro marcado por años de tormentos y pobreza. Pasó sus últimos años en un miserable camastro de la Penitenciaria Federal de Leavenworth, Kansas. Allí cumplía una pena de 20 años.
Ricardo era uno de los tres hermanos Flores Magón. Se le considera una figura importante en el movimiento social que precipitó la revolución mexicana al ayudar al derrocamiento de Porfirio Díaz, y difundir sus abusos mediante reportajes publicados en los diarios periodísticos.
Irónicamente, una vez muerto, el gobierno contra el que tanto luchó Flores Magón comenzó a reconocerlo como el gran precursor de la revolución mexicana. Uno de los tantos anhelos de Ricardo Flores Magón era acercar y hacer más accesible la justicia constitucional para el pueblo.
Actualmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) enfrenta horas oscuras, ya que el fantasma del plagio de una de las ministras en funciones ha bañado de incertidumbre las entrañas de la institución y ensombrece el histórico nombramiento de la ministra Norma Piña como presidenta de este tribunal. Nadie espera que el tiempo y la impunidad se queden a estancadas en este caso, pues este ilícito, todavía sin resolver, solo daña la credibilidad del tribunal supremo.
La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental (ENCIG) 2021, del Inegi, señala que el nivel de percepción de confianza de la sociedad respecto a jueces y magistrados fue de 40.3 por ciento que, si bien es superior al 35.1 por ciento de 2019, sigue siendo inferior al de empresarios y gobiernos estatales.
Estos estándares de confianza solo son superiores a los sindicatos, ministerios públicos, diputados y senadores, policías y partidos políticos. Por otra parte, el INE y el INAI superan por 27 puntos porcentuales a los jueces y magistrados, con 67.5 por ciento de la población a la cual les inspira mucha o algo de confianza.
Si realmente queremos un cambio en este país, es necesario acercar la justicia al ciudadano que sufre una violación de garantías y eliminar tanta formalidad innecesaria que hoy se solicita para pedir un amparo, lo que implica ciertos conocimientos jurídicos que la mayoría del pueblo no posee. La justicia, con tanto obstáculo, deja de tener un valor democrático y general para todo el pueblo.
A más de 116 años de distancia, el planteamiento de Ricardo Flores Magón sigue abandonado sin ser atendido. Norma Piña tiene una gran oportunidad para que la SCJN sea más accesible para toda la ciudadanía y se consolide un juicio de amparo sencillo, práctico y rápido.
Que la justicia constitucional, simple y sencilla, a todos sirva para recordar a Ricardo Flores Magón, solo así nuestro sistema de justicia podrá recuperar el respeto de la gente.
Arturo Argente Villarreal
Tec de Monterrey, Campus Toluca