Política

Diles que no me maten

En el polvo seco de la literatura mexicana, pocos gritos resuenan con tanta fuerza como el de Juvencio Nava en Diles que no me maten. Aquel hombre viejo, perseguido durante décadas por una culpa imposible de esconder, suplica inútilmente por su vida mientras el pasado vuelve convertido en sentencia. En el México contemporáneo, la historia parece repetirse bajo otros nombres y otros uniformes.

La llamada Cuarta Transformación enfrenta hoy la sombra de las acusaciones provenientes de Estados Unidos sobre presuntos vínculos entre sectores del poder político y el narcotráfico; y en medio de esa tensión, el eco de Rulfo vuelve a escucharse: “Diles que no me maten”.

Como en el cuento, el problema no es solamente el castigo, sino la larga acumulación de silencios. Durante años, muchos mexicanos depositaron en la Cuarta Transformación la esperanza de una ruptura definitiva con la corrupción, la violencia y la impunidad que marcaron a gobiernos anteriores. Sin embargo, las acusaciones internacionales, los señalamientos contra figuras políticas y la creciente presión diplomática han comenzado a construir una narrativa distinta: la de un movimiento que quizá terminó atrapado por aquello que prometió combatir.

En El Llano en llamas, los personajes viven perseguidos por la tierra seca, por el hambre y por la memoria. Del mismo modo, el gobierno mexicano parece caminar sobre un llano árido donde cada declaración de Washington levanta nuevas tormentas de polvo político. La relación entre México y Estados Unidos deja de ser solamente económica o diplomática; se transforma en un juicio moral donde el vecino del norte actúa como el coronel que finalmente viene a cobrar viejas cuentas pendientes.

Y como Juvencio Nava, algunos sectores del poder parecen descubrir demasiado tarde que los pactos con la violencia nunca desaparecen; simplemente esperan el momento adecuado para regresar convertidos en condena. Porque en el universo de Rulfo nadie escapa realmente del pasado. La culpa envejece, se esconde, cambia de rostro, pero termina sentándose frente al pelotón.

Quizá por eso el cuento sigue siendo tan vigente. México continúa siendo una nación donde la justicia llega tarde, donde la memoria política es selectiva y donde el miedo todavía habla en voz baja. Y mientras las acusaciones cruzan fronteras y la tensión política aumenta, el país parece escuchar nuevamente aquella súplica desesperada nacida en el desierto literario de Juan Rulfo: diles que no me maten.


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Arturo Argente
  • Arturo Argente
  • Tec de Monterrey, Campus Toluca.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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