Una de las canciones más queridas de los Beatles es “When I'm Sixty-Four”, el segundo tema del lado 2 de su revolucionario álbum de 1967, Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band. Presenta a un Paul McCartney de 24 años cantándole a su amante, preguntándole si lo seguirá amando en un futuro lejano, cuando él sea un anciano decrépito de 64 años.
Cuando envejezca y se me caiga el pelo, dentro de muchos años,
¿Seguirás enviándome una tarjeta de San Valentín, felicitaciones de cumpleaños, una botella de vino?
Esta cancioncilla humorística y un poco sensiblera, sin embargo, plantea una pregunta profunda para toda pareja estable: ¿De verdad me encontrarás atractivo cuando seamos viejos? Me hice esta misma pregunta hace poco, mientras pensaba en el trigésimo cuarto aniversario de mi propia boda. Mi esposa se preguntaba lo mismo.
Ninguno de los dos tiene 64 años todavía (casi), pero confío en que la respuesta para ambos será sí, aunque no por las cosas que nos atrajeron el uno al otro cuando nos casamos, a los 27. Lo que mantiene a las personas enamoradas no es lo que las hace enamorarse en primer lugar. Comprender esto podría mantener su relación intacta hasta los 64 años, y más allá.
La idea de que la atracción romántica es puramente una función de fuerzas sociales y culturales es un supuesto común. Estos factores sí importan, pero la evidencia de la psicología y la biología sugiere que nuestros impulsos amorosos se deben más a la naturaleza que a la crianza. Un experto en la materia es David M. Buss, psicólogo evolutivo de la Universidad de Texas. En su influyente libro de 1994, The Evolution of Desire (La evolución del deseo), basado en su estudio de alrededor de 10 mil personas de culturas de todo el mundo, Buss informó que, al menos al principio, los hombres heterosexuales se sienten más atraídos por las señales de fertilidad en las mujeres (atractivo, salud, juventud), mientras que las mujeres se sienten atraídas por las señales de recursos (estatus, ambición, patrimonio).
Buss no afirma que estos sean los únicos rasgos que importan a hombres y mujeres. Ambos sexos desean a alguien amable, honesto y respetuoso. En otros sentidos, las preferencias de las personas varían mucho. Pero el patrón general es claro, como la mayoría de las personas probablemente han experimentado y podrían confirmar, y esta conclusión se ha repetido muchas veces con otros investigadores. Por ejemplo, como informó un equipo internacional de investigadores académicos en la revista Evolution and Human Behavior en 2018, cuando se mostraron a hombres y mujeres fotos del sexo opuesto junto con información sobre su situación económica, “las evaluaciones de atractivo fueron aproximadamente mil veces más sensibles al salario para las mujeres que evaluaban a los hombres, en comparación con los hombres que evaluaban a las mujeres”.
Cuando mi esposa y yo nos conocimos, yo tenía aproximadamente cero dólares en mi cuenta bancaria y, trabajando como músico, apenas ganaba para pagar la renta. Ante la evidencia anterior, mi esposa concluyó que debía ser una excepción evolutiva. Resulta que no fue así. Investigadores en 2017 descubrieron que las mujeres también consideran atractiva la alta creatividad en los hombres, tal vez porque esto actúa como un indicador de inteligencia y, por lo tanto, de recursos futuros. Al parecer, tocar bien el corno francés puede estimular el sistema límbico de una posible pareja para que perciba que alguien podría tener un camino hacia la buena reputación y la estabilidad financiera.
Sin embargo, una vez que una pareja supera las primeras etapas del romance, la atracción comienza a cambiar. Por ejemplo, en un artículo publicado en la revista Personality and Individual Differences en 2008, cinco investigadores encontraron evidencia de que una vez que los hombres se ven “restringidos” -es decir, en una relación seria y de compromiso- muestran una preferencia significativamente menor por un índice de masa corporal (IMC) y una relación cintura-cadera (CI) más bajos en las mujeres (ambos indicadores comunes de fertilidad). De igual manera, investigadores que escribieron en 2021 demostraron que, con el paso del tiempo, el atractivo físico de la pareja pierde importancia para los hombres. Este estudio señaló que lo que sí adquiere mayor importancia con el tiempo, para ambos sexos, son dos rasgos de personalidad: la franqueza y la confianza mutua.
Muchos estudios más muestran el mismo patrón. Por ejemplo, Buss señala que las parejas de mucho tiempo valoran cada vez más la lealtad y la confiabilidad. La personalidad también importa: En 2020, investigadores que le dieron seguimiento a 87 parejas que llevaban casadas al menos 15 años (muchas de ellas, de hecho, mucho más tiempo) descubrieron que el éxito de su relación se debía en gran medida al desarrollo de un alto grado de comportamiento emocional positivo. El humor, el entusiasmo y la validación -comprender y aceptar los sentimientos y perspectivas del otro- fueron especialmente importantes. Otro experimento, que estudió el éxito matrimonial de parejas con hijos durante los primeros seis años de matrimonio, demostró que las parejas más felices a lo largo del tiempo tienen un alto nivel de cariño y admiración mutua.
Yo añadiría también otro factor: la dimensión espiritual. Como ya escribí anteriormente, las investigaciones demuestran que las parejas de fe son más felices si se vuelven más religiosas con los años y practican juntas. Resulta que lo que es bueno para el alma también lo es para el matrimonio.
Nada de esto quiere decir que, al llegar a los 60 y pico de años, a los cónyuges ya no les importe la belleza ni la abundancia de recursos. Por el contrario, a todos nos gusta una pareja atractiva, así como alguien que pueda mantener a la familia. Como señala Buss en su obra, estas son las cualidades que las personas exhibirán a cualquier edad si se encuentran inesperadamente solteras o buscan cambiar de pareja. Pero, en general, si aspiras a una unión para toda la vida, cometerías un error al intentar conservar a tu pareja al ofrecerle solamente lo que la atrajo en un principio. En una relación a largo plazo con una persona que mantenga el amor de compañía, deberías enfocar tus esfuerzos en cultivar cualidades en ti mismo que sean menos superficiales que la apariencia o el dinero. A continuación presentamos tres reglas basadas en la evidencia que debes tener presente.
1. Ponerse las esposas.
Cuando me casé en España, donde trabajaba en una orquesta, recuerdo el consejo que me dio uno de mis colegas: pensarlo bien antes de casarme, porque en español “wives” (esposas) se dice de la misma manera que “cuffs” (esposas). En aquel momento me pareció un chiste bastante tonto; el humor español puede resultar ligeramente poco sutil para mi gusto. Pero desde entonces, he reflexionado sobre ese doble sentido con más cariño: lejos de estar encadenado, se puede cultivar la confiabilidad y la lealtad absoluta. Esto fomenta una sensación de felicidad, casi física, de unión, que perdura.
2. Mantén una actitud positiva.
Un hábito tóxico que asola a muchos matrimonios es el de llevar todas las emociones negativas a casa porque es ahí donde se sienten seguros para expresarlas. El resultado es que las parejas imponen una profunda carga negativa en la única relación que debería traerles más alegría. Los hallazgos de la investigación que se citaron anteriormente muestran claramente que un vínculo de pareja sólido y duradero se basa en una abundante emocionalidad positiva, mientras que la negatividad lo debilita. Ser positivo no surge espontáneamente: debes decidir llevar tu felicidad a casa, no solo tu infelicidad, y esforzarte por compartirla.
3. Crecer juntos en espíritu.
Muchas parejas de mucho tiempo con una inclinación espiritual o religiosa describen su relación como una especie de antena que los hace más receptivos a lo sobrenatural, un efecto que se vuelve más poderoso con el tiempo. Por ejemplo, las parejas hindúes mayores a veces practican vanaprastha, la tercera de las cuatro etapas de la vida según el hinduismo, en la que uno se enfoca menos en las cosas mundanas y más en la teología, compartiendo actividades caritativas, estudios espirituales y peregrinaciones. Obviamente, no puedo verificar científicamente si esta conexión con lo divino es real, pero muchas investigaciones sugieren que la oración y acudir a rezar con otra persona pueden aumentar la resonancia emocional de la práctica y profundizar la confianza mutua. En el caso de las parejas no religiosas, algunas investigaciones también muestran un aumento de la cercanía al practicar ciertos tipos de meditación juntos.
La vida no ofrece garantías, ni siquiera en el amor. Las personas pueden cambiar y pueden ocurrir muchas decepciones, incluso en las relaciones. Pero tú y tu pareja pueden hacer mucho para inclinar la balanza a su favor y que, cuando cada uno cumpla 64 años, sigan juntos y enamorados.
Esto empieza cuando se comprende que ni la belleza física ni las ambiciones mundanas son lo más importante en el largo plazo. Lo que realmente importa es la virtud, el corazón, el carácter y el alma, todo dedicado al amor verdadero y expresado tanto en las cosas grandes como en las pequeñas de la vida. McCartney parecía percibir esta verdad incluso de joven. Mientras imaginaba una vejez feliz viviendo juntos, escribió:
Podría ser útil, reparando un fusible, cuando se apague la luz.
Puedes tejer un suéter junto a la chimenea, los domingos por la mañana, dar una vuelta en bicicleta.
Tal vez ese tipo de compañía suene monótono y aburrido cuando eres un chico atractivo y dinámico de 24 años. Pero créanme a mí y a la señora Brooks, al celebrar nuestro trigésimo cuarto aniversario de bodas: es genial.