Política

2016 - 2026

En las últimas semanas se ha vuelto tendencia en redes sociales compartir fotografías de hace diez años. El ejercicio es comparar el rostro de 2016 con el de 2026, subrayando arrugas, canas inesperadas o, con suerte, la persistencia de cierta juventud lozana. Sin embargo, detrás de esta divertida moda se esconde una metáfora mucho más profunda. Y es que, si bien en las fotos personales el contraste suele ser manejable, cuando comparamos el mundo de hace 10 años con el actual, el resultado es francamente perturbador.

En 2016, aun con conflictos visibles, predominaba la sensación de vivir en un orden internacional imperfecto, pero funcional. El comercio global avanzaba, el multilateralismo era la regla, la tecnología prometía crecimiento, y la democracia liberal se asumía como una condición irreversible. Pocos imaginaban que en menos de una década la confrontación económica sería abierta, que las cadenas de suministro se usarían como armas políticas, que la desinformación se convertiría en industria y que la inteligencia artificial sería percibida más como riesgo sistémico que como innovación.

El Reporte de Riesgos Globales 2026 del Foro Económico Mundial, publicado en días recientes, confirma con crudeza lo que no supimos prever. Para este año, el informe sitúa a la geopolítica como el principal eje de inestabilidad: la confrontación entre Estados encabeza la lista de amenazas. A partir de ahí, se encadena la economía, presionada por deuda, inflación, fragilidad financiera y disrupciones en las cadenas de suministro. En tercer nivel aparece la tecnología, no ya como promesa, sino como riesgo: desinformación, ciberinseguridad y efectos adversos de la inteligencia artificial. Finalmente, atravesándolo todo, se encuentra la falta de cohesión social, deteriorada por la desigualdad, la polarización y la erosión de la confianza en las instituciones.

Lo inquietante de todo esto, sin embargo, no es sólo que el mundo haya cambiado para mal, sino que sigamos intentando administrarlo con los supuestos de hace diez años. La mayoría de las naciones, sorprendidas, siguen actuando como si las reglas implícitas del viejo orden siguieran vigentes, cuando en realidad han sido erosionadas o abiertamente sustituidas. Persistir en la ilusión de normalidad no es una actitud neutral: es altamente peligrosa.

Y es así como la moda de las fotos antiguas, sin proponérselo, nos deja una lección incómoda. Así como nadie mantiene hoy la imagen de 2016, tampoco gobiernos, empresas o sociedades pueden seguir haciéndolo. Más vale cambiar y hacerlo rápido, porque la alternativa de la nostalgia, implica el riesgo inevitable de quedar aplastados por la realidad. Es la recomendación decenal de tu Sala de Consejo semanal.


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Arnulfo Valdivia Machuca
  • Arnulfo Valdivia Machuca
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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